La Unión Europea sigue profundamente dividida sobre la suspensión de su acuerdo de asociación con Israel, a pesar de la presión de varios Estados miembros, entre ellos España e Irlanda. Ante la falta de consenso, no se llegó a ninguna decisión concreta en la reunión de ministros de Asuntos Exteriores.
Por iniciativa de Madrid, el ministro José Manuel Albares pidió un debate sobre la suspensión total o parcial de este acuerdo, vigente desde el año 2000. Argumentó que "la credibilidad de Europa" estaba en juego ante la situación en Oriente Medio.
Varios países han manifestado su preocupación por la violencia de los colonos en Cisjordania, la situación humanitaria en Gaza y la reciente ley israelí sobre la pena de muerte. Estos factores han impulsado los llamamientos a una revisión de la relación entre Bruselas y Tel Aviv.
Sin embargo, otros Estados miembros, entre ellos Alemania, abogaron por mantener un diálogo constructivo con Israel. Estas diferencias impidieron el surgimiento de una posición común, lo que evidencia las divisiones dentro del bloque en materia de política exterior.
Al término de las conversaciones, la jefa de la diplomacia de la UE, Kaja Kallas, reconoció la falta de apoyo suficiente para suspender el acuerdo, al tiempo que indicó que las negociaciones continuarían.
Este debate pone de relieve las dificultades de la Unión Europea para adoptar una postura unificada ante las crisis internacionales. La evolución de las relaciones con Israel dependerá ahora de la capacidad de los Estados miembros para superar sus diferencias en las próximas semanas.
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