China ha pedido a Japón que castigue severamente a un oficial militar acusado de entrar en su embajada en Tokio, un incidente que ha reavivado las tensiones entre los dos países.
El sospechoso, identificado como Kodai Murata, presuntamente escaló el muro de la embajada armado con un cuchillo antes de ser detenido por las autoridades japonesas.
Pekín denunció el acto por haber "amenazado gravemente la seguridad" de su personal diplomático y exigió una investigación exhaustiva y explicaciones oficiales a Tokio.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino también señaló la influencia de las ideologías de extrema derecha y un clima de "neomilitarismo" en Japón.
Por parte japonesa, el gobierno calificó el incidente de "lamentable" y aseguró que se tomarían medidas para evitar que un suceso similar volviera a ocurrir.
Las autoridades han aumentado notablemente la seguridad en torno a la embajada, mientras continúa la investigación policial.
Este episodio se produce en un contexto ya de por sí tenso entre las dos potencias asiáticas, marcado por disputas territoriales y rivalidades estratégicas.
Destaca la fragilidad de las relaciones diplomáticas sino-japonesas, donde el más mínimo incidente puede adquirir rápidamente una dimensión política.
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