Quince años después del desastre nuclear de Fukushima, Japón parece estar pasando página y volviendo a apostar por la energía nuclear. Ante los elevados costes de importación de energía y los desafíos de seguridad energética, el gobierno japonés está acelerando la reactivación de un sector que casi había abandonado tras el desastre de 2011.
El 11 de marzo de 2011, un devastador terremoto y tsunami provocaron la fusión de varios reactores en la central nuclear de Fukushima Daiichi, lo que resultó en el peor accidente nuclear desde Chernóbil. El suceso impactó profundamente a la sociedad japonesa y provocó el cierre casi total de las centrales nucleares del país.
Takuma Hashimoto, que tenía solo tres años en el momento del desastre, recuerda el pánico que se apoderó de su familia, incapaz de huir porque su coche se había quedado sin combustible. Ahora, con 18 años y estudiante de ingeniería en un instituto técnico de Iwaki, forma parte de una nueva generación deseosa de contribuir a la revitalización de la industria nuclear japonesa.
"No creo que la energía nuclear deba considerarse automáticamente peligrosa", explica. En su ciudad, ubicada a aproximadamente una hora de Fukushima, las estaciones de monitoreo continúan midiendo los niveles de radiación incluso hoy.
El gobierno japonés, liderado por un primer ministro pronuclear, quiere acelerar la reactivación de varios reactores e invertir en nuevas tecnologías energéticas. Esta estrategia busca reducir la dependencia del país de las importaciones de combustibles fósiles, que han aumentado drásticamente desde el cierre de las centrales nucleares.
La opinión pública también parece estar evolucionando junto con este cambio. Según una encuesta reciente, casi dos tercios de los jóvenes japoneses están ahora a favor de reanudar la energía nuclear, lo que indica un cambio gradual en la percepción a medida que se desvanece el recuerdo del desastre y los problemas energéticos se vuelven más acuciantes.