Desde la destitución de Serguéi Shoigú en mayo de 2024, el Kremlin ha llevado a cabo numerosos nombramientos y purgas en el Ministerio de Defensa. Detrás de estas reorganizaciones subyace una doble ambición: adaptar el ejército ruso a las exigencias de una guerra prolongada y reforzar el control presidencial sobre la jerarquía militar.
La reorganización del ejército ruso se está acelerando. Vladimir Putin convocó recientemente a funcionarios del Ministerio de Defensa para establecer dos prioridades claras: fortalecer la cadena de suministro y estructurar el sector de los drones. El comunicado oficial de la presidencia rusa informa que el jefe de Estado solicitó "un suministro fiable y regular de todo lo que las tropas necesitan", así como "una colaboración coordinada entre el Ministerio de Defensa y el complejo militar-industrial".
En el ámbito de los drones, Putin afirmó que estos sistemas "se han consolidado como uno de los elementos clave de la guerra moderna". El nombramiento del coronel general Denis Liamine para dirigir las Fuerzas de Sistemas de Drones traduce esta prioridad en acciones concretas: Moscú busca institucionalizar un ámbito que se ha vuelto crucial en el conflicto ucraniano.
Estas decisiones forman parte de un movimiento más amplio que comenzó tras la salida de Shoigu. Desde mayo de 2024, una serie de arrestos y destituciones han tenido como objetivo a oficiales militares vinculados al exministro. Según los analistas, el FSB desempeña un papel central en estos procesos, centrándose principalmente en oficiales relacionados con la "era Shoigu", acusados de ineficiencia y corrupción. Lo que algunos observadores describen como una purga sistémica busca desmantelar una red de influencia heredada, en lugar de castigar fallos aislados.
El centro de análisis CEPA describe una «profunda transformación» en la cúpula del ejército ruso, donde los perfiles tecnocráticos están reemplazando gradualmente a los generales de carrera en puestos estratégicos. Estos nuevos funcionarios tienen la responsabilidad de supervisar los recursos, la producción y las relaciones con la industria de defensa. El nombramiento de Andrei Belousov en el Ministerio de Defensa ilustra esta tendencia: economista de formación, sin experiencia militar, es responsable de optimizar el gasto, las adquisiciones y la cooperación con el sector industrial.
La amenaza de la rebelión de Prigozhin en 2023 sigue latente. Varios analistas vinculan la actual reorganización con el deseo del Kremlin de impedir el surgimiento de centros de poder autónomos dentro del ejército. Al apoyarse en los servicios de seguridad y los tecnócratas, Putin busca evitar que cualquier otro actor establezca una base de influencia independiente.
La reestructuración combina, por lo tanto, dos dimensiones difíciles de separar. Operacionalmente, responde a las necesidades de una guerra de desgaste: drones, logística y producción industrial. Políticamente, busca concentrar el mando en torno a la presidencia, marginando las redes heredadas y colocando a leales en puestos clave. Los nombramientos de Beloussov y Liamine, vistos en conjunto, revelan la magnitud de una transformación que afecta tanto a la organización de la guerra como a la estructura del poder ruso.
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