Israel y Líbano iniciaron el martes en Roma una nueva ronda de negociaciones, mediada por Estados Unidos, centrada en las zonas de seguridad fronteriza y el desarme de Hezbolá. El movimiento chií, al igual que su aliado Amal, reiteró su oposición a cualquier acuerdo.
Las conversaciones se están celebrando en la embajada estadounidense en Roma hasta el jueves. Equipos técnicos de ambos países están examinando tres cuestiones: el futuro de las zonas de seguridad en el sur del Líbano, la resolución de las disputas fronterizas pendientes y el desarme de Hezbolá, que Washington presenta como una condición innegociable para cualquier solución duradera.
Desde el inicio de las conversaciones, el líder de Hezbolá, Naim Qassem, reafirmó la oposición del movimiento a estas negociaciones y al acuerdo marco firmado a finales de junio en Washington entre Beirut e Israel. El Movimiento Amal, liderado por el presidente del Parlamento, Nabih Berri, adoptó la misma postura.
El primer ministro libanés, Nawaf Salam, respondió sin rodeos: "El mayor apoyo a Israel ha venido de aquellos que han arrastrado al Líbano a absurdas aventuras bélicas de 'apoyo', proporcionando pretextos para atacar [al Líbano], pisotear su soberanía, destruir sus ciudades y pueblos, matar a sus niños y obligar a cientos de miles de ellos al exilio".
La delegación israelí incluye oficiales militares. Washington busca traducir los compromisos políticos en un calendario operativo por fases. Según el Departamento de Estado de EE. UU., el acuerdo estipula que el ejército libanés asumirá gradualmente el control total del sur del Líbano, y que todo el armamento quedará bajo la autoridad exclusiva del Estado. Simultáneamente, se espera que Israel se retire de las denominadas "zonas piloto" y de las zonas de seguridad establecidas a lo largo de la frontera.
“Nuestro objetivo es impulsar la implementación del marco de manera práctica y gradual, garantizando la seguridad duradera para ambos países y restableciendo la autoridad del Estado libanés sobre todo el sur”, declaró una fuente del Departamento de Estado. Washington sigue presentando este mecanismo como “el único camino hacia una paz duradera”.
Poco antes del inicio de las conversaciones, el ejército libanés difundió imágenes de cohetes Grad de 122 mm incautados durante una operación contra una red de tráfico de armas en la frontera con Siria, así como de un vehículo perteneciente a dos traficantes detenidos. Este tipo de comunicación sigue siendo poco común en las fuerzas armadas libanesas. La medida busca demostrar a la comunidad internacional que Beirut está cumpliendo sus compromisos en materia de control de armamentos, al tiempo que aumenta la presión sobre Israel para que continúe su retirada.
La semana anterior, el ejército israelí había completado una retirada inicial de una zona piloto. Sin embargo, Beirut acusó a Israel de obstaculizar el despliegue de sus propias fuerzas en esa zona, lo que ralentizó la toma efectiva del territorio.
La cuestión de Hezbolá sigue siendo la más polémica. Estados Unidos exige el desmantelamiento de la infraestructura militar del movimiento en el sur del Líbano y la transferencia de todas sus capacidades armadas a instituciones estatales. Israel, por su parte, condiciona cualquier retirada a garantías concretas contra nuevos ataques. Mientras tanto, Beirut debe demostrar que puede ejercer su soberanía sobre todo el territorio sin provocar divisiones internas.
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