El Parlamento noruego ha adoptado una medida excepcional para reducir temporalmente los impuestos sobre la gasolina y el diésel, con el fin de mitigar el aumento de precios vinculado a la guerra en Oriente Medio.
Esta decisión, adoptada con carácter de urgencia, surge a raíz de una propuesta del partido de la oposición, el Partido Conservador, que contribuyó a agilizar el proceso legislativo, que suele ser más largo.
La reducción de impuestos se aplicará desde el 1 de abril hasta el 1 de septiembre, en un contexto de alta volatilidad en los mercados petroleros.
Según el ministro de Finanzas, Jens Stoltenberg, esta medida representará un déficit de al menos 3,3 millones de coronas noruegas para el Estado.
Paralelamente, también se han aprobado varias reducciones de impuestos relacionadas con el CO2, lo que aumenta aún más el coste total del plan.
El gobierno laborista minoritario se había opuesto inicialmente a una adopción rápida, prefiriendo una revisión tradicional por parte de un comité.
Pero el Partido del Centro, cuyo apoyo era crucial, optó por respaldar cualquier medida destinada a reducir los impuestos para los consumidores.
Esta decisión pone de manifiesto la creciente presión a la que se ven sometidos los gobiernos europeos ante el aumento de los precios de la energía.
También pone de relieve el dilema entre apoyar el poder adquisitivo y los objetivos climáticos.
Noruega, importante productor de petróleo, se ve así obligada a ajustar su política fiscal para hacer frente a la crisis energética mundial.
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