El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, afirmó que Estados Unidos está intentando tomar el control de los gasoductos Nord Stream, situados en el mar Báltico y gravemente dañados desde las explosiones de 2022.
Según él, Washington pretende reforzar su dominio sobre los mercados energéticos mundiales centrándose ahora en estas infraestructuras estratégicas que conectaban a Rusia con Europa.
Las explosiones ocurridas hace más de tres años redujeron drásticamente los suministros de gas ruso al continente europeo, exacerbando las tensiones energéticas.
Desde entonces, el origen exacto del sabotaje sigue siendo incierto, a pesar de varios años de investigación y la detención de un sospechoso ucraniano en Italia en 2025.
Sin embargo, Sergey Lavrov no aportó ninguna prueba concreta que respaldara sus acusaciones sobre el supuesto deseo estadounidense de controlar directamente los gasoductos.
No obstante, comparó esta situación con lo que él considera una creciente influencia de Estados Unidos en los recursos energéticos de otras regiones, especialmente Venezuela e Irán.
Estas declaraciones se producen en medio de un clima de fuertes tensiones geopolíticas entre Rusia y los países occidentales, con la guerra en Ucrania y las rivalidades energéticas como telón de fondo.
Los gasoductos Nord Stream, actualmente en gran parte fuera de servicio, siguen siendo una cuestión estratégica importante para el suministro energético de Europa.
Esta postura de Moscú ilustra la batalla por la influencia sobre la infraestructura energética, que se ha convertido en una palanca clave en la dinámica del poder internacional.
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