Una nueva huelga general paralizó Portugal el miércoles, con trenes detenidos, cientos de vuelos cancelados, escuelas cerradas y servicios públicos afectados. El movimiento, el segundo de esta magnitud en seis meses, fue convocado por el principal sindicato del país, la CGTP, para protestar contra un ambicioso plan de reforma laboral propuesto por el gobierno.
El gobierno minoritario de centroderecha planea adoptar una reforma respaldada por el partido Chega. La legislación modificaría más de cien artículos del código laboral con el objetivo declarado de impulsar la productividad y el crecimiento económico, tras el fracaso de las negociaciones con los sindicatos.
Según los representantes sindicales, esta reforma corre el riesgo de agravar la precariedad laboral, facilitar los despidos, reducir ciertas protecciones sociales y limitar el derecho a la huelga. El secretario general de la CGTP, Tiago Oliveira, considera que las nuevas disposiciones debilitarían significativamente las garantías de las que gozan actualmente los trabajadores.
Muchos trabajadores comparten estas preocupaciones. Algunos denuncian la posibilidad de jornadas laborales más largas, mayor flexibilidad en los horarios y mayor facilidad para que las empresas sustituyan a los empleados por subcontratistas o trabajadores externos.
Las consecuencias de la huelga se hicieron sentir rápidamente en todo el país. El ferrocarril nacional suspendió la mayor parte de sus servicios, el metro de Lisboa cerró varias estaciones y las escuelas tuvieron que suspender sus actividades por falta de personal. En el sector aéreo, las compañías cancelaron una parte importante de sus vuelos, lo que provocó problemas de viaje a miles de pasajeros.
El gobierno, sin embargo, defiende su reforma, argumentando que modernizará el mercado laboral portugués y fortalecerá la competitividad de la economía nacional. Los sindicatos prometen continuar su movilización si el proyecto de ley se aprueba sin cambios sustanciales.
Este enfrentamiento social se desarrolla en un contexto político tenso, donde cuestiones como el poder adquisitivo, el empleo y las condiciones laborales ocupan un lugar central en el debate público portugués.
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