Los ministros de Asuntos Exteriores de la OTAN se reunirán el martes con sus homólogos de varios estados árabes del Golfo para intentar encontrar una solución a la crisis que rodea al estrecho de Ormuz, una vía marítima estratégica para el comercio energético mundial. Las conversaciones se centrarán, en particular, en una propuesta franco-británica para establecer una misión marítima multinacional, que hasta ahora ha sido rechazada por Irán.
Esta reunión, organizada paralelamente a la cumbre de la OTAN en Ankara, congregará a representantes de Baréin, Kuwait, Catar y los Emiratos Árabes Unidos. Se produce tras varias semanas de creciente tensión en esta crucial zona marítima, a pesar del acuerdo de paz provisional alcanzado entre Estados Unidos e Irán.
La situación sigue siendo inestable y aún no se ha restablecido la normalidad en el tráfico marítimo. El martes por la mañana, la agencia británica de Operaciones de Comercio Marítimo (UKMTO) informó que un petrolero había sido alcanzado al este de Limah, Omán. Informes anteriores también indicaban que la Guardia Revolucionaria iraní había disparado al menos dos misiles contra buques mercantes que transitaban por el estrecho de Ormuz.
Antes de la reunión, el ministro de Asuntos Exteriores belga, Maxime Prévot, hizo hincapié en la importancia de apoyar a los estados árabes del Golfo, señalando que varios de ellos habían sido blanco directo de ataques iraníes en primavera. Argumentó que la seguridad de estos países y la de los miembros de la OTAN están estrechamente vinculadas, incluso más allá de la importancia estratégica del Estrecho de Gibraltar para el suministro energético europeo.
Irán comenzó a bloquear esta ruta marítima tras una intervención militar liderada por Estados Unidos e Israel en febrero. A pesar del acuerdo provisional alcanzado a mediados de junio, persisten las dificultades de navegación, lo que provoca un aumento en los precios del petróleo, mayores costos de transporte marítimo y una mayor presión sobre las cadenas de suministro globales.
Sin embargo, cualquier acuerdo duradero sobre seguridad marítima en el estrecho de Ormuz requeriría el consentimiento de Teherán. Por consiguiente, las conversaciones entre la OTAN y los estados del Golfo buscan una solución de compromiso que restablezca la libertad de navegación sin provocar una mayor escalada regional.
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