La disidente bielorrusa Maria Kalesnikava, recientemente liberada, ha pedido a los gobiernos europeos que entablen un diálogo con el presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, creyendo que un canal de comunicación podría ayudar a limitar la creciente influencia de Rusia sobre su país.
En una intervención en Londres, Kalesnikava abogó por un enfoque pragmático por parte de la Unión Europea, considerando que el aislamiento total de Minsk podría aumentar la dependencia política, económica y de seguridad de Bielorrusia respecto a Moscú. Según ella, el objetivo debería ser preservar cierto grado de autonomía para la sociedad bielorrusa y evitar una mayor integración en la esfera de influencia rusa.
La líder de la oposición, figura destacada en las masivas protestas de 2020 contra la controvertida reelección de Lukashenko, reconoció las profundas divisiones que existen con el régimen actual. Su llamamiento se produce mientras varios opositores permanecen en prisión y las autoridades bielorrusas son acusadas regularmente de represión política.
Otras voces críticas, como el Premio Nobel de la Paz Ales Bialiatski, han expresado dudas sobre el verdadero compromiso del presidente bielorruso con la reforma del sistema autoritario vigente. Los observadores también creen que Minsk podría intentar utilizar la liberación de ciertas figuras de la oposición como palanca para obtener concesiones o una flexibilización de las sanciones occidentales.
Estas declaraciones han reavivado el debate en Europa sobre la estrategia a adoptar respecto a Bielorrusia, entre mantener la presión diplomática o abrir conversaciones directas con un líder que lleva más de tres décadas en el poder.