La caída del primer ministro húngaro Viktor Orbán en las elecciones parlamentarias marca un punto de inflexión importante para la extrema derecha en Europa, que pierde a uno de sus principales modelos políticos tras dieciséis años en el poder.
Durante su largo mandato, Orbán impuso una agenda nacionalista y antiliberal, inspirando a numerosos líderes populistas en todo el continente. Su gobierno se caracterizó por políticas antiinmigratorias, oposición a los derechos LGBTQ+ y un afán por controlar los medios de comunicación y la sociedad civil.
Sus estrechos vínculos con figuras internacionales como Donald Trump Vladimir Putin había reforzado su influencia más allá de Hungría. Era considerado, en particular, el líder europeo más alineado con el movimiento MAGA ("Make America Great Again"), representado por Donald Trump.
Esta derrota, atribuida en gran medida al descontento de los votantes con la situación económica, las acusaciones de corrupción y los ataques a las libertades democráticas, debilita considerablemente a la extrema derecha europea, que busca modelos poderosos y relevos políticos.
Esto ocurre además en un momento en que los vínculos entre ciertos partidos europeos y el movimiento MAGA están siendo objeto de un escrutinio cada vez mayor. Para algunos líderes políticos, esta cercanía podría convertirse ahora en un lastre electoral en lugar de una ventaja.
A pesar de este revés, las estructuras establecidas por Orbán durante sus años en el poder podrían perdurar, y sus aliados siguen siendo optimistas sobre la capacidad de la extrema derecha para reorganizarse y continuar su ascenso en el continente.
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