El gobierno israelí aprobó el domingo la reanudación de un proceso de "registro de títulos de propiedad" en gran parte de la Cisjordania ocupada, una medida que podría permitir al Estado judío extender su control sobre grandes porciones del territorio en preparación para el desarrollo futuro.
Este procedimiento, congelado desde la guerra de 1967, estipula que, cuando las autoridades inician el registro de una zona determinada, quien reclame la propiedad debe presentar documentos que acrediten su posesión. Según la ONG israelí Paz Ahora, este mecanismo podría convertirse en una "mega apropiación de tierras" en detrimento de los palestinos.
La medida se dirige principalmente a la denominada "Zona C", que abarca aproximadamente el 60% de Cisjordania y permanece bajo pleno control militar israelí en virtud de los acuerdos alcanzados con los palestinos en la década de 1990. Alrededor de 300.000 palestinos viven allí, junto con más de 700.000 israelíes que residen en asentamientos en Cisjordania y Jerusalén Este, asentamientos considerados ilegales por la gran mayoría de la comunidad internacional.
Hagit Ofran, directora del programa de Vigilancia de Asentamientos de Peace Now, cree que el proceso para demostrar la propiedad suele ser opaco y difícil de cumplir para los palestinos, especialmente cuando los títulos de propiedad datan de décadas atrás o de la época otomana. Según ella, Israel podría reclamar hasta el 83% del Área C, o casi la mitad de Cisjordania.
El Ministerio de Asuntos Exteriores israelí justificó la decisión alegando, sin aportar pruebas, que la Autoridad Palestina estaba realizando registros de tierras ilegales en la Zona C y que la reanudación del proceso israelí buscaba una mayor transparencia. El ministro de Justicia, Yariv Levin, figura destacada del ala derecha de la coalición gobernante, presentó la decisión como un compromiso para "fortalecer el control de Israel sobre todo el territorio".
Por su parte, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, denunció una "grave escalada" y una "flagrante violación del derecho internacional", considerándola una anexión de facto. Jordania también instó a la comunidad internacional a intervenir para detener lo que describió como un acontecimiento peligroso.
Esta iniciativa forma parte de una serie de medidas recientes destinadas a consolidar la presencia israelí en Cisjordania: la aceleración de la construcción de asentamientos, la legalización de puestos de avanzada y cambios administrativos que reducen el papel de la Autoridad Palestina. Si bien el proceso de registro podría comenzar este mismo año, sus consecuencias jurídicas y políticas podrían exacerbar aún más las tensiones en un territorio ya marcado por décadas de conflicto.