Se prevé que la guerra en Oriente Medio tenga un gran impacto en las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, programadas para esta semana en Washington. Los líderes económicos mundiales temen otro duro golpe para la economía global, tras la pandemia de COVID-19 y la guerra en Ucrania.
Según varios altos funcionarios de ambas instituciones, las previsiones de crecimiento global se revisarán a la baja, mientras que las proyecciones de inflación se revisarán al alza. Los motivos aducidos son el alza vertiginosa de los precios de la energía y las interrupciones en las cadenas de suministro derivadas del conflicto, que afectan especialmente a las economías emergentes y en desarrollo.
Antes del estallido de la guerra en Irán el 28 de febrero, el FMI y el Banco Mundial planeaban mejorar sus proyecciones de crecimiento, impulsados por la resiliencia de la economía global. Sin embargo, el conflicto revirtió este impulso, ralentizando la recuperación y complicando la lucha contra la inflación a nivel mundial.
Las nuevas estimaciones del Banco Mundial proyectan un crecimiento del 3,65 % para los mercados emergentes y las economías en desarrollo en 2026, inferior al 4 % previsto anteriormente. En un escenario de conflicto prolongado, este crecimiento podría caer al 2,6 %, lo que agravaría los riesgos económicos para los países más vulnerables.
Mientras tanto, se prevé que la inflación en estas economías alcance el 4,9 % en 2026, frente a una previsión inicial del 3 %. En el peor de los casos, podría llegar al 6,7 %, exacerbando las tensiones sociales y económicas. Ante estas perspectivas, los expertos exigen medidas urgentes, como ayuda específica, alivio de la deuda y reformas estructurales para limitar el impacto de esta nueva crisis global.
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