El primer ministro eslovaco, Robert Fico, instó a la Unión Europea a levantar las sanciones a las importaciones rusas de petróleo y gas, argumentando que dicha decisión es necesaria para abordar la actual crisis energética.
En un contexto de fuertes aumentos de precios vinculados a la guerra en Oriente Medio, Robert Fico también pidió el restablecimiento del flujo de petróleo a través del oleoducto Druzhba y la reanudación del diálogo con Rusia para garantizar el suministro de energía.
Estas declaraciones se producen tras un intercambio con el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, quien mantiene una postura similar. Eslovaquia y Hungría se presentan ahora como excepciones dentro de la Unión Europea, al mantener relaciones abiertas con Moscú.
El alza de los precios de la energía se intensificó tras los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán, interrumpiendo el flujo mundial de petróleo, especialmente en el Golfo Pérsico. La Agencia Internacional de Energía incluso la describió como una de las interrupciones de suministro más graves jamás registradas.
Ante esta situación, varios países de Europa Central ya han adoptado medidas para limitar el impacto en los hogares y las empresas, en particular intentando contener los precios del combustible.
Sin embargo, la postura de Robert Fico corre el riesgo de reavivar las divisiones dentro de la Unión Europea, donde la mayoría de los Estados miembros apoyan las sanciones contra Rusia en respuesta a la guerra en Ucrania.
Este debate pone de relieve el dilema europeo entre la solidaridad política y los imperativos energéticos, en un contexto internacional marcado por una creciente inestabilidad.
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