Los países asiáticos están considerando reactivar algunas medidas adoptadas durante la pandemia de COVID-19 para mitigar el impacto de la crisis mundial de combustible causada por la guerra en Irán.
Asia, que depende en gran medida de las importaciones que transitan por el estrecho de Ormuz (actualmente bloqueado en gran parte), se encuentra en primera línea. La región absorbe más del 80 % del petróleo crudo que suele pasar por esta estratégica vía marítima.
Ante esta situación, varios gobiernos están estudiando soluciones destinadas a reducir el consumo de energía, incluido un mayor uso del teletrabajo.
En Corea del Sur, esta opción ya se está estudiando, mientras que Filipinas está considerando reducir la jornada laboral de algunos funcionarios públicos para limitar los desplazamientos.
Otros países, como Japón, Australia y Nueva Zelanda, están trabajando en medidas de apoyo económico para amortiguar el impacto en los hogares y las empresas.
La Agencia Internacional de Energía también ha pedido medidas concretas para reducir la demanda, recomendando en particular el teletrabajo y la limitación de los viajes en avión.
Mientras tanto, se ha aprobado una liberación masiva de reservas estratégicas, estimada en alrededor de 400 millones de barriles, en un intento por estabilizar los mercados.
Esta movilización recuerda a las respuestas de emergencia puestas en marcha durante la pandemia, pero sobre todo subraya la gravedad de la crisis actual, que amenaza el suministro a largo plazo y podría tener graves consecuencias para la economía mundial.
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