El escritor franco-argelino de 80 años Boualem Sansal fue condenado el jueves 27 de marzo a cinco años de prisión y una multa de 500.000 dinares (aproximadamente 3.500 euros) por el Tribunal Penal de Dar El Beida en Argel. Esta severa sentencia se dictó tras un juicio sumario que duró apenas unos veinte minutos. Inicialmente acusado de "colaboración con el enemigo", el autor fue finalmente juzgado por delitos relacionados con la seguridad del Estado: menoscabo de la unidad nacional, insultos a un organismo público, perjuicio a la economía nacional y posesión de documentos que amenazaban la seguridad del país.
Al comparecer sin abogado, tras haber denunciado él mismo su defensa, Sansal declaró que había hablado como ciudadano, ejerciendo su libertad de expresión. Negó haber hecho comentarios insultantes o tener intención de perjudicar a Argelia, aunque reconoció que algunos de sus intercambios privados de WhatsApp con el exembajador francés o miembros de la diáspora cabila podrían haber sido malinterpretados. También afirmó no entender ni el árabe estándar ni el dialecto argelino, y habló en francés durante la audiencia.
¿Una solución política entre bastidores?
Símbolo de la creciente represión de las voces críticas en Argelia, esta condena ha provocado indignación más allá de las fronteras del país. Sansal, un respetado novelista, es conocido por sus posturas contra el islamismo y las tendencias autoritarias del régimen. Anciano y enfermo —padece cáncer— y detenido desde noviembre, el escritor ha permanecido recluido en una sala de prisión del Hospital Mustapha-Pacha. Este trato ha sido considerado inhumano por varios observadores internacionales.
Sin embargo, entre bastidores del régimen, algunos sugieren una posible distensión. Reclasificar los cargos de delitos graves a delitos menores podría, según fuentes judiciales, allanar el camino para un indulto presidencial. Sin embargo, esto no requeriría que la fiscalía ni Sansal apelaran. Interrogado en febrero, el presidente Tebboune no descartó esta posibilidad, aunque dejó margen de duda.
Este asunto se produce en medio de una intensa tensión diplomática entre Argel y París. El presidente Macron, tras reafirmar su confianza en su homólogo argelino, calificó la situación de "muy grave". El ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, podría viajar pronto a Argel para intentar reactivar el diálogo bilateral. Pero para muchos partidarios de Boualem Sansal, tanto en Francia como en Argelia, el mensaje es claro: en la Argelia de 2025, la libertad de pensamiento y expresión sigue siendo una amenaza para los intelectuales.