Varios países africanos se enfrentan a una creciente crisis energética, consecuencia directa de las perturbaciones globales causadas por el conflicto en el que está implicado Irán.
La situación es particularmente crítica en los estados que dependen en gran medida de las importaciones de combustible, como Mauricio, donde las reservas de fueloil están casi agotadas y solo hay existencias para unas pocas semanas.
El gobierno de Mauricio ha anunciado medidas de ahorro energético, incluidas restricciones a los usos no esenciales, como la iluminación decorativa o la calefacción de piscinas.
En otras regiones, las consecuencias son igualmente graves: en Juba, Sudán del Sur, se prevé el racionamiento de electricidad debido a la escasez.
Estas dificultades están vinculadas a las interrupciones en el tráfico energético mundial, en particular en el estrecho de Ormuz, un paso estratégico por el que transita aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas.
La crisis está afectando a todo el continente, con el aumento de los precios del combustible y una mayor presión sobre economías ya de por sí frágiles.
En Sudáfrica, las compras de combustible han aumentado drásticamente, mientras que algunos agentes económicos advierten sobre posibles medidas similares a las que se implementaron durante la pandemia de COVID-19.
Esta situación pone de manifiesto la vulnerabilidad energética de muchos países africanos ante las crisis geopolíticas internacionales.
También subraya la necesidad de diversificar las fuentes de energía y fortalecer la resiliencia de los sistemas energéticos ante las crisis mundiales.
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