El abogado y empresario de 48 años juró su cargo el viernes como el 43.º presidente de Colombia, prometiendo erradicar el "narcoterrorismo" y fortalecer los lazos con Washington.
Fue en Cali, la tercera ciudad más grande del país, y no en Bogotá, donde Abelardo de la Espriella eligió asumir su cargo. Esta elección simbólica no fue insignificante: la ciudad del suroeste colombiano limita con las principales rutas del narcotráfico y la costa del Pacífico, escenario frecuente de enfrentamientos entre grupos armados rivales. Se implementaron medidas de seguridad reforzadas para la ocasión.
En su discurso inaugural, el nuevo presidente declaró que «la opción del diálogo está completamente agotada», rompiendo así con la política de su predecesor, Gustavo Petro, quien había favorecido la resolución pacífica de los conflictos con grupos armados. De la Espriella prometió restablecer «el orden, la autoridad y la libertad», y añadió que «no habría margen para maniobras que socaven la estabilidad de la nación». También mencionó la apertura de megacárceles destinadas a albergar a rebeldes y narcotraficantes capturados.
Entre los presentes se encontraban el rey Felipe VI de España, el fiscal general interino de Estados Unidos, Todd Blanche, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y varios jefes de Estado latinoamericanos: Javier Milei de Argentina, Daniel Noboa de Ecuador y José Antonio Kast de Chile. Sin embargo, Gustavo Petro se negó a asistir a la ceremonia y convocó a protestas masivas, alegando sin pruebas que las elecciones habían sido fraudulentas.
De la Espriella, quien se hace llamar "El Tigre", nunca había ocupado un cargo público antes de estas elecciones. Exabogado y empresario con actividad en los sectores agroindustrial, inmobiliario y de la moda, financió su propia campaña. Ganó la segunda vuelta el 21 de junio contra el senador Iván Cepeda, un estrecho aliado de Petro, en una reñida contienda.
En el ámbito internacional, el nuevo presidente pretende forjar una alianza militar con Estados Unidos e Israel para combatir a los grupos rebeldes, incluidas las facciones disidentes de las FARC. Obtuvo el apoyo de Donald Trump al comprometerse a unirse a la coalición antidrogas «Escudo de las Américas» y ofreció recibir tropas estadounidenses en territorio colombiano. Asimismo, anunció la reanudación de las relaciones diplomáticas con Israel y la ruptura de lazos con Cuba y Nicaragua.
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