En el corazón de Nueva Delhi, una práctica ancestral heredada de la era mogol sigue viva gracias a unos pocos entusiastas: la cría y el entrenamiento de palomas. En las bulliciosas callejuelas de la ciudad vieja, esta tradición se transmite de generación en generación, a pesar de la rápida modernización de la capital india.
Cerca de la famosa mezquita Jama Masjid, Azhar Udeen, un residente local de 30 años, continúa esta tradición con su hermano y amigos. Todos los días se reúnen en las azoteas para liberar a más de 120 palomas, cuidadosamente criadas y entrenadas para volar largas distancias antes de regresar a su punto de partida.
Esta práctica, antaño apreciada por los emperadores mogoles, se basa en la estrecha relación entre humanos y animales. Los criadores desarrollan técnicas específicas para guiar a las aves, mejorar su orientación y aumentar su resistencia. Más que un simple pasatiempo, es un verdadero arte que combina disciplina, paciencia y conocimiento del comportamiento aviar.
En un entorno urbano en constante evolución, estos entusiastas se esfuerzan por preservar una tradición que corre el riesgo de desaparecer. Los edificios modernos y la creciente densidad de la ciudad reducen los espacios disponibles para esta actividad, lo que dificulta su práctica.
A pesar de estas limitaciones, la cría de palomas conserva una fuerte dimensión social. Une a las comunidades en torno a una pasión común, fomentando el intercambio y la transmisión de un patrimonio cultural único.
En Nueva Delhi, esta tradición ilustra la coexistencia entre el pasado y el presente, donde las prácticas ancestrales siguen encontrando su lugar en una metrópolis en rápida transformación.
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