Miles de personas marcharon en París el domingo 1 de marzo contra la República Islámica de Irán, un día después de que los ataques aéreos conjuntos estadounidenses e israelíes mataran al líder supremo iraní, Alí Jamenei. La procesión, que comenzó en la Plaza de la Bastilla y terminó en las Pirámides, estaba compuesta principalmente por opositores al régimen de Teherán.
En la manifestación, se vieron numerosas banderas de la antigua monarquía iraní con el emblema del "León y el Sol", junto con banderas israelíes, estadounidenses y francesas. Algunas pancartas mostraban apoyo a Reza Pahlavi, hijo del último Sha de Irán, con lemas como "Irán, vida, libertad con Reza Pahlavi" y "Hagamos que Irán vuelva a ser grande".
Una diáspora dividida ante la escalada
Varios participantes expresaron su esperanza de un cambio de régimen. Algunos celebraron la muerte de Alí Jamenei, creyendo que podría marcar el principio del fin de la República Islámica. Otros expresaron su confianza en que Estados Unidos e Israel debilitarían el régimen actual, aunque reconocieron los riesgos para la población civil.
Ese mismo día, se celebró otra manifestación en la Plaza de la República, que reunió a varios cientos de personas que se oponían a las huelgas. Estos manifestantes denunciaron la intervención como contraria al derecho internacional, a la vez que condenaron la represión ejercida por las autoridades iraníes contra su propia población. Para ellos, el derrocamiento del régimen debe provenir de los propios iraníes.
Las dos movilizaciones ilustran las profundas divisiones dentro de la diáspora iraní en Francia, dividida entre el rechazo al régimen vigente y la preocupación por las consecuencias humanas y geopolíticas de la escalada militar en Oriente Medio.