El 80 aniversario de El Principito se celebró con una avalancha de publicaciones y eventos.
El 80 aniversario de El Principito se celebró con una avalancha de publicaciones y eventos.

En su 80 aniversario en Francia, El Principito regresa a las librerías, exposiciones y ediciones conmemorativas, pero también con una vieja reacción de la crítica: su rechazo, a veces muy vehemente. Esta paradoja es recurrente. Por un lado, el cuento de Antoine de Saint-Exupéry sigue siendo un fenómeno mundial con cifras de ventas extraordinarias; por otro, provoca una irritación manifiesta en algunos lectores, dirigida tanto a su tono como a su condición de obra intocable. Es este contraste el que Le Monde destaca en un momento en que Gallimard y los titulares de los derechos están relanzando con fuerza el libro en el ámbito público.

Un éxito mundial que se ha vuelto abrumador

El poder de El Principito reside, ante todo, en su alcance. El libro ha vendido 300 millones de ejemplares en todo el mundo, incluyendo 18 millones en Francia, y se encuentra entre las obras más traducidas del mundo después de la Biblia, con traducciones a 650 idiomas y dialectos. En Le Monde, Anne Crignon destaca la magnitud casi irreal de esta difusión, lo que explica en parte el cansancio que puede provocar: cuando una obra está por todas partes, se enseña, se cita, se regala, se adapta y se celebra sin cesar, acaba por resultar irritante.

Este aniversario refuerza aún más su omnipresencia. Se publica una nueva edición ilustrada por MinaLima, traducida a 22 idiomas, junto con un facsímil del manuscrito, una novela gráfica de Cédric Fernandez, una versión narrada por Denis Podalydès, una serie de sellos postales emitidos por el servicio postal francés y exposiciones inmersivas en Les Baux-de-Provence y Burdeos. A lo largo de las décadas, el libro se ha convertido además en una vasta franquicia cultural y comercial, con adaptaciones, librerías, un parque temático en Alsacia y una exposición permanente en Corea del Sur.

¿Por qué la historia molesta tanto a algunos lectores?

Si El Principito recibe tanto rechazo, es también porque tiene fama de ser demasiado suave. Le Monde se refiere claramente a esta «critica negativa a El Principito», que resurge con cada gran celebración. Para sus detractores, el texto es demasiado dócil, demasiado sentencioso, demasiado cargado de poesía convencional. Cuanto más se idealiza una obra, más reacciones de rechazo suscita. El caso de El Principito es emblemático: su enorme éxito, su presencia constante en el ámbito cultural y su uso, a veces decorativo o moralizante, lo han convertido en un blanco perfecto.

Esto no disminuye su fuerza literaria ni su valor histórico. Antoine de Saint-Exupéry escribió este cuento durante su exilio en Estados Unidos, tras la invasión de Francia, y lo publicó por primera vez en Nueva York en 1943. Se dice que el escritor y piloto, ya conocido por Vuelo nocturno y Viento, arena y estrellas, fue animado por su editor estadounidense a escribir un cuento infantil tras verlo dibujar en una mesa. Desaparecido en una misión en 1944, Saint-Exupéry nunca llegó a ver su libro publicado póstumamente en Francia. Quizás esto sea también lo que alimenta su leyenda: El Principito es un texto que se ha convertido en un monumento. Y los monumentos, por definición, despiertan tanta admiración como el deseo de derribarlos.

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