Con «Querida historiadora», Joff Winterhart nos ofrece una novela gráfica sensible y delicada centrada en el inesperado encuentro entre dos mujeres completamente opuestas. Publicada el 20 de marzo de 2026 por Ça et Là, la obra narra cómo una historiadora de setenta años, apasionada por el siglo XVII, se cruza con una joven productora de televisión en busca de sentido. Combinando un humor sutil con una emoción genuina, esta obra explora las conexiones que surgen a pesar de las diferencias de edad y estilo de vida.
Un encuentro entre dos mundos completamente separados.
Margaret, académica especializada en ritos funerarios del siglo XVII, lleva una vida tranquila, marcada por su investigación y su soledad. Siente un interés particular por una figura poco conocida, J.W. Preece, médico y embalsamador al que ha dedicado gran parte de su carrera. Aunque no se siente especialmente atraída por la modernidad, admite abiertamente sentirse abrumada por las nuevas tecnologías, hasta el punto de desconocer qué es YouTube.
Por el contrario, Lucy se desenvuelve en el dinámico mundo de la televisión. Joven productora, conoce a Margaret en una conferencia y queda inmediatamente cautivada por su forma de narrar la historia. Convencida de su potencial, le ofrece un espacio en un programa. Este encuentro marca el inicio de una relación inesperada, basada en la curiosidad mutua y cierta desconexión, pero también en una profunda sinceridad.
Una historia íntima que combina humor y emoción.
A medida que avanza la historia, Joff Winterhart retrata una amistad que se desarrolla lentamente, alimentada por las vulnerabilidades de cada mujer. Lucy, lidiando con dudas personales, encuentra inspiración en la pasión y el rigor de Margaret. Por su parte, la historiadora se abre gradualmente a un mundo que antes había rechazado, sin renunciar jamás a su propia identidad.
Con versos expresivos y una narrativa sutil, la autora británica —ya aclamada por *El verano de los Bagnolds*— nos ofrece un relato poético y profundamente humano. Entrelazando reflexiones sobre el duelo, el paso del tiempo y las brechas generacionales, *Querido historiador* celebra, sobre todo, la riqueza de los encuentros inesperados y la capacidad de las personas para transformarse a través del contacto con los demás.
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