Altos funcionarios iraníes y las tres principales potencias europeas se reúnen en Ginebra el martes para intentar reactivar el diálogo nuclear. Francia, Gran Bretaña y Alemania, agrupados bajo el acrónimo E3, exigen que Teherán reanude las inspecciones internacionales y retome la diplomacia. De lo contrario, amenazan con reimponer las sanciones levantadas en virtud del acuerdo de 2015.
El ultimátum de los europeos es claro: pretenden decidir a finales de agosto si activan el mecanismo de "reinicio rápido", que permite el restablecimiento automático de las sanciones de la ONU. La fecha límite oficial es el 18 de octubre, fecha de vencimiento de un acuerdo nuclear firmado hace diez años, pero que hoy está prácticamente obsoleto.
Las conversaciones se desarrollan en un ambiente particularmente tenso. Teherán sigue furioso por los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra sus instalaciones nucleares, dos aliados cercanos de los europeos. Además, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) no ha tenido acceso a las instalaciones nucleares iraníes desde estos ataques, y una parte de las reservas de uranio enriquecido del país sigue sin contabilizarse hasta la fecha.
Los europeos insisten en condiciones específicas: la reanudación inmediata de las inspecciones del OIEA y compromisos claros de transparencia respecto al programa nuclear iraní. «Queremos comprobar si los iraníes son creíbles en su deseo de obtener una prórroga o si simplemente intentan ganar tiempo», declaró un diplomático europeo.
Hasta el momento, Teherán no ha mostrado señales tangibles de concesiones. Sin embargo, podría considerarse una prórroga temporal del plazo si se observan avances. Para los europeos, esto no solo afecta a la credibilidad del marco multilateral de no proliferación, sino también a una fuerte señal política para Washington y Tel Aviv, en un momento en que la tensión regional sigue siendo alta.
La reunión de Ginebra podría ser, pues, decisiva: o bien abre la vía a un nuevo compromiso, incluso limitado, o bien confirma el fracaso definitivo de uno de los últimos grandes acuerdos internacionales sobre energía nuclear.