El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva El presidente Lula condenó enérgicamente el sábado las recientes sanciones estadounidenses contra funcionarios judiciales brasileños involucrados en la investigación contra el expresidente Jair Bolsonaro. Calificando las medidas de "arbitrarias" e "infundadas", Lula argumentó que constituyen una injerencia inaceptable en el funcionamiento del sistema judicial brasileño y una violación de los principios de soberanía entre las naciones.
Esta escalada de tensiones diplomáticas se produce después de que el gobierno de Trump decidiera revocar las visas de varios jueces del Tribunal Supremo brasileño, entre ellos Alexandre de Moraes —figura central en el juicio contra Bolsonaro— y sus familiares. Estas restricciones responden a las medidas legales adoptadas en Brasil, como órdenes de allanamiento y prohibiciones de viaje contra el expresidente de extrema derecha, acusado de intentar orquestar un golpe de Estado tras su derrota en las elecciones presidenciales de 2022.
En un comunicado oficial, Lula reafirmó su confianza en las instituciones brasileñas, enfatizando que «ninguna forma de intimidación o amenaza, de nadie, comprometerá la misión más importante de los poderes e instituciones de Brasil, que es defender y mantener el Estado de derecho democrático en todo momento». El presidente brasileño enfatizó que el sistema judicial debe poder operar libremente, sin estar sujeto a presiones externas.
El fiscal general Jorge Messias, mano derecha de Lula en el poder judicial, condenó lo que denominó "maniobras inapropiadas" y "conspiraciones sórdidas" destinadas a desestabilizar la independencia del poder judicial. Reveló que el fiscal general Paulo Gonet también se encontraba entre los sancionados por Washington y defendió el derecho de las instituciones brasileñas a llevar adelante libremente las investigaciones en curso.
El viernes, la ministra de Relaciones Institucionales, Gleisi Hoffmann, aclaró que ocho de los once magistrados del Supremo Tribunal Federal de Brasil habían sido objeto de las restricciones estadounidenses, entre ellos Luis Roberto Barroso, Dias Toffoli, Cristiano Zanin, Flavio Dino, Carmen Lucía, Edson Fachin y Gilmar Mendes. Esta decisión se percibe en Brasilia como una afrenta directa al poder judicial brasileño.
El caso se produce en medio de tensiones políticas ya de por sí tensas entre el Brasil de Lula y los Estados Unidos de Trump, donde las divisiones ideológicas se ven agravadas por enfrentamientos diplomáticos. A medida que Bolsonaro, un fiel aliado de Trump, ve cómo su juicio adquiere relevancia nacional, su futuro legal se convierte en un nuevo punto de fricción en las relaciones intercontinentales.