La decisión del presidente estadounidense Donald Trump El anuncio de la retirada de Estados Unidos del principal tratado climático de Naciones Unidas ha reavivado un debate jurídico sobre el alcance de sus poderes y la validez del procedimiento iniciado.
La administración Trump indicó su intención de retirarse de la Convención-cuadro de las Naciones Unidas sobre los cambios climáticos (CMNUCC), el acuerdo fundacional adoptado en 1992 que sirve de base para las negociaciones internacionales sobre el clima, incluido el Acuerdo de París. Washington argumenta que el tratado impone restricciones económicas injustas y pone a Estados Unidos en desventaja frente a otras grandes economías.
Sin embargo, los expertos legales señalan que la CMNUCC fue ratificada por el Senado estadounidense, lo que podría limitar la capacidad del presidente para retirarse unilateralmente de ella sin la aprobación del Congreso. A diferencia del Acuerdo de París, adoptado mediante decreto ejecutivo, la convención de 1992 se considera un tratado formal según el derecho constitucional estadounidense.
Según varios expertos constitucionales, una retirada sin consulta parlamentaria podría ser impugnada judicialmente, en particular por exceder las prerrogativas del poder ejecutivo. Otros, sin embargo, creen que la Constitución sigue siendo ambigua en este tema y que la práctica histórica ha permitido en ocasiones que los presidentes se retiren de los tratados sin la votación del Senado.
A nivel internacional, una decisión de este tipo dejaría a Estados Unidos fuera del marco multilateral sobre cambio climático y complicaría su futura participación en las negociaciones. Diplomáticos europeos y asiáticos ya han expresado su preocupación, enfatizando que la CMNUCC constituye la columna vertebral de la cooperación global frente al cambio climático.
La Casa Blanca no especificó el cronograma exacto ni las modalidades legales de la retirada, limitándose a afirmar que estaba estudiando "todas las opciones disponibles". Mientras tanto, el anuncio aumenta la incertidumbre sobre la postura estadounidense en la gobernanza climática global y podría abrir una nueva batalla política y legal en Washington.