Francia y Filipinas sellan un acuerdo para supervisar ejercicios militares conjuntos.
Francia y Filipinas sellan un acuerdo para supervisar ejercicios militares conjuntos.

El jueves, en París, el apretón de manos tuvo gran trascendencia. Francia y Filipinas firmaron un acuerdo para regular la presencia temporal de personal militar visitante y allanar el camino para ejercicios militares conjuntos en territorio de ambos países. Manila lo celebró como un hito histórico con un Estado europeo. Sin embargo, el documento aún debe ser ratificado por los parlamentos francés y filipino.

Detrás de las formalidades legales subyace un mecanismo muy concreto: facilitar el despliegue de tropas, clarificar las normas y establecer un marco para el entrenamiento conjunto sin improvisación. El Departamento de Defensa de Filipinas pretende que este documento se convierta en un referente para ampliar la cooperación entre las fuerzas armadas, tanto de Francia como de Filipinas. Esto representa un paso más en una relación de defensa ya fortalecida por un acuerdo firmado en 2016, en un momento en que la región del Indo-Pacífico se ha convertido en un campo de entrenamiento permanente para muchas armadas.

Manila ha buscado apoyo en los últimos meses. El país ha forjado numerosas alianzas militares y firmado acuerdos similares con Japón, Canadá y Nueva Zelanda. En esta estrategia, la participación de Francia es fundamental: como potencia del Pacífico a través de sus territorios, París mantiene una presencia militar en la región y cuenta con un cuerpo diplomático que, con razón, suele destacar su compromiso con la libertad de navegación y el derecho internacional.

Una señal enviada al corazón del Indo-Pacífico.

Sin embargo, el momento elegido no es una ilusión. El acuerdo se produce en un momento de creciente tensión en el Mar de China Meridional, donde Filipinas disputa las reivindicaciones de Pekín. China reclama casi la totalidad del mar a pesar de un fallo de un tribunal internacional que consideró que estas reivindicaciones carecían de fundamento jurídico, y apenas unas horas antes de la firma, el ejército filipino acusó a Pekín de realizar "maniobras peligrosas" en la zona. En este tipo de situaciones de tensión, los acuerdos firmados a miles de kilómetros de distancia a veces tienen más peso del que cabría esperar.

La cooperación franco-filipina no surgió de la nada. La armada francesa ya ha participado en ejercicios en el Mar de China Meridional con unidades filipinas y estadounidenses, y el portaaviones Charles de Gaulle realizó su primera escala en la bahía de Subic en febrero de 2025. Son imágenes contundentes, casi como postales militares, que transmiten un mensaje claro: Francia quiere ser un actor importante en la región, sin alardes, pero sin ocultar su verdadera naturaleza.

Luego viene el siguiente paso, más práctico. Las ratificaciones, los calendarios de ejercicios, los formatos elegidos: todo esto definirá la verdadera naturaleza del acuerdo, medida en días en el mar, procedimientos comunes y confianza acumulada. En un momento en que la dinámica de poder se endurece en el Indo-Pacífico, París y Manila parecen apostar por las normas y el entrenamiento, una forma de mantener su posición sin alzar la voz, mientras esperan el próximo incidente que obligue a cada parte a tomar una postura.

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