Lo que durante mucho tiempo fue un activo estratégico y académico para Harvard se está convirtiendo en una lamentable desventaja. La renombrada universidad se encuentra en una situación de crisis, acusada por la administración Trump de colusión con el Partido Comunista Chino, en un contexto donde las relaciones entre Washington y Pekín son más tensas que nunca.
El jueves, la Casa Blanca impuso una sanción sin precedentes: la prohibición de que Harvard admita nuevos estudiantes internacionales, alegando "coordinación" con China y falta de rigor ante el antisemitismo. Entre los primeros afectados se encuentran los ciudadanos chinos, que por sí solos representaron casi una quinta parte de los estudiantes internacionales aceptados por la institución en 2024. Harvard presentó inmediatamente un recurso legal y un juez suspendió temporalmente la ejecución de la decisión el viernes.
Esta escalada se produce mientras legisladores republicanos lanzan una serie de acusaciones contra la universidad, que sospechan está siendo manipulada por Pekín. Según un alto funcionario de la Casa Blanca, Harvard ha "ignorado el acoso orquestado por agentes del Partido Comunista Chino" en su propio campus. La universidad, por su parte, denuncia un atentado contra la libertad de expresión, amparada por la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos.
La estrecha relación entre Harvard y China, antes considerada un signo de apertura internacional, ahora se ve con recelo. Centros de investigación conjuntos, financiación, programas de intercambio: todos estos vínculos se consideran ahora posibles vectores de interferencia. En particular, colaboraciones como la establecida con el Cuerpo de Producción y Construcción de Xinjiang (XPCC), una entidad china sancionada por Estados Unidos desde 2020 por presuntas violaciones de derechos humanos contra los uigures, están bajo escrutinio.
Otro episodio polémico involucra al filántropo Ronnie Chan, cuya donación de 350 millones de dólares condujo a que la Escuela de Salud Pública de Harvard fuera renombrada en honor a su padre. Miembro de una fundación clasificada como agente extranjero por las autoridades estadounidenses, Chan encarna la tensión entre la filantropía y la influencia política.
Harvard no es la única institución en la mira. La administración Trump ya ha investigado a varias universidades como parte de su "Iniciativa China", en particular al profesor Charles Lieber, condenado en 2021 por ocultar sus vínculos con entidades chinas mientras recibía financiación federal. Actualmente enseña en China, y su caso sigue siendo emblemático de las sospechas en torno a la cooperación académica chino-estadounidense.
En este clima de desconfianza, incluso el incidente más insignificante cobra relevancia nacional. En 2024, un estudiante chino de intercambio en Harvard expulsó físicamente a un activista estadounidense de un evento, lo que alimentó las acusaciones de intimidación y vigilancia orquestadas por Pekín en los campus.
El Departamento de Educación exigió recientemente que Harvard proporcionara documentación relacionada con su financiación extranjera tras detectar irregularidades en sus informes. Esta creciente presión política se intensifica a medida que... Donald Trump refuerza su control sobre la política exterior estadounidense.
Para algunos especialistas en derechos humanos, esta política es preocupante y contraproducente. Yaqiu Wang, investigador chino-estadounidense, advierte que prohibir las visas a todos los estudiantes extranjeros, en nombre de la desconfianza hacia China, equivale a penalizar a todo el mundo académico. «La preocupación por el espionaje es legítima, pero esta respuesta es simplemente desproporcionada», resume.
El caso de Harvard bien podría convertirse en un caso emblemático de las tensiones chino-estadounidenses, donde la seguridad nacional, la política interna y el futuro de la educación superior están entrelazados.