La Unión Europea se prepara para examinar un proyecto de ley muy controvertido. El "Reglamento sobre Abuso Sexual Infantil" (CSAR), apodado "Control del Chat" por sus detractores, podría adoptarse el lunes 13 o el martes 14 de octubre. Su objetivo declarado es combatir el abuso sexual infantil en línea exigiendo a las plataformas que detecten y denuncien automáticamente la pornografía infantil. Sin embargo, la medida, considerada una amenaza para las libertades civiles por numerosas ONG, está provocando una oleada de protestas en toda Europa.
Un sistema de vigilancia innovador
Introducida en 2022 por la comisaria europea Ylva Johansson, la legislación exige que los servicios de mensajería y las plataformas en línea (WhatsApp, Telegram, Signal, etc.) escaneen las imágenes, los vídeos y los mensajes intercambiados por los usuarios, incluso en servicios con cifrado de extremo a extremo. Para ello, se basaría en una tecnología denominada «Escaneo del lado del cliente»: el contenido se analizaría directamente en los dispositivos, incluso antes de su envío. La Unión Europea justifica esta vigilancia citando un aumento del 300 % en las solicitudes en línea a menores entre 2021 y 2023 y los 100 millones de imágenes de abuso detectadas en línea en 2023. Las organizaciones de protección infantil, unidas en la campaña ChildSafetyON, defienden la legislación alegando la «absoluta urgencia de proteger a los menores» y exigir responsabilidades a las plataformas.
Los defensores de la privacidad están indignados
Pero para muchos expertos y defensores de los derechos digitales, el proyecto allana el camino para la vigilancia masiva y permanente de las comunicaciones privadas. El sitio web stopchatcontrol.fr habla de un «sistema de vigilancia sin precedentes que afecta a 450 millones de europeos», acusándolo de inaugurar una «era de control permanente». En TikTok, la etiqueta #stopchatcontrol ya ha acumulado varios millones de visitas. Los críticos señalan en particular la alta tasa de error de los algoritmos de detección, que pueden malinterpretar conversaciones o imágenes, pero sobre todo la amenaza al secreto profesional. Periodistas, abogados y médicos podrían verse obligados a utilizar herramientas donde ningún mensaje sería verdaderamente privado.
Un riesgo para el cifrado y la libertad de expresión
Al permitir el análisis de mensajes antes del cifrado, el proyecto socava el principio mismo de la confidencialidad de las comunicaciones. La aplicación Signal ha advertido que es "imposible crear una puerta trasera que solo permita la entrada a los buenos". Sus críticos también temen un cambio político: una herramienta diseñada para identificar pornografía infantil podría, en el futuro, utilizarse para filtrar o censurar opiniones consideradas perturbadoras. Las salvaguardias incluidas en la legislación, consideradas "insuficientes o frágiles", no bastan para disipar las preocupaciones. Francia, a través de su Ministerio del Interior, se encuentra entre los países a favor de adoptar el sistema, con el pretexto de combatir la violencia sexual contra menores. Sin embargo, dentro de la comunidad digital y la sociedad civil, prevalece la desconfianza: tras la promesa de proteger a los niños, muchos ya vislumbran el fin de la confidencialidad de las comunicaciones privadas en Europa.