El 31 de julio de 1968, el Partido Baaz consolidó su poder en Irak tras el golpe militar perpetrado dos semanas antes. El general Ahmed Hassan al-Bakr asumió definitivamente el liderazgo del Estado, mientras que los últimos aliados no baazistas fueron expulsados del poder. Esta fecha marca el inicio de un régimen autoritario que gobernaría el país durante casi treinta y cinco años, hasta la caída de Saddam Hussein en 2003.
Una década de golpes de estado
Desde la revolución del 14 de julio de 1958, que derrocó a la monarquía hachemita, Irak ha atravesado un período de inestabilidad política. Los gobiernos se han sucedido rápidamente, marcados por golpes militares, mientras que las rivalidades han enfrentado a nacionalistas árabes, comunistas, oficiales del ejército y movimientos kurdos. En febrero de 1963, el Partido Baaz tomó el poder por primera vez, pero solo se mantuvo en el cargo unos meses antes de ser derrocado.
El 17 de julio de 1968, oficiales baazistas derrocaron al presidente Abdel Rahman Aref en un golpe de Estado prácticamente incruento. Ahmed Hassan al-Bakr se convirtió en presidente de la República con el apoyo de oficiales que no todos pertenecían al Partido Baaz. Pero esta alianza duró poco.
El verdadero comienzo del régimen baazista.
El 31 de julio de 1968, Ahmed Hassan al-Bakr y los líderes del Partido Baaz eliminaron a sus últimos aliados. El primer ministro Abd ar-Razzaq an-Naif se vio obligado a exiliarse, mientras que el ministro de Defensa, Abd ar-Rahman al-Dawud, fue arrestado. El Partido Baaz controlaba ahora en solitario el aparato estatal.
Un Consejo de Mando Revolucionario concentró los principales poderes políticos y militares. Entre los participantes en esta consolidación se encontraba un joven dirigente del partido: Saddam Hussein. A cargo de la seguridad, desarrolló gradualmente un poderoso aparato de inteligencia y represión, convirtiéndose en el hombre fuerte del régimen antes de asumir la presidencia en 1979.
Los comienzos de una larga dictadura
El nuevo gobierno adoptó una ideología basada en el nacionalismo árabe, el socialismo y el laicismo. Emprendió importantes reformas, en particular la nacionalización de la industria petrolera en 1972, que proporcionó a Irak considerables ingresos y permitió el desarrollo de infraestructuras, educación y el sistema sanitario.
Pero tras esta modernización, el régimen reforzó rápidamente su control sobre la sociedad. Se arrestó a los opositores, desaparecieron las libertades políticas y el poder se concentró en manos de un pequeño círculo de líderes baazistas. Bajo el mandato de Saddam Hussein, esta evolución derivó en una dictadura marcada por una severa represión, guerras contra Irán y posteriormente contra Kuwait, y un creciente aislamiento internacional.
El régimen baazista llegó a su fin en abril de 2003, cuando Bagdad cayó en manos de la coalición liderada por Estados Unidos. La disolución del Partido Baaz puso fin a más de tres décadas de dominio político, pero también dio paso a un nuevo período de inestabilidad cuyas consecuencias Irak sigue sufriendo.
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