Era el 28 de marzo: Los franquistas entraron en Madrid.
Era el 28 de marzo: Los franquistas entraron en Madrid.

El 28 de marzo de 1939, las tropas de Franco entraron en Madrid sin encontrar resistencia real, sellando la derrota de la República Española tras casi tres años de una brutal guerra civil. Al ver desfilar a los vencedores alrededor del general Francisco Franco, España comprendió que se había dado un giro radical: la República nacida en 1931 fue sustituida por una dictadura destinada a durar hasta 1975. Este triunfo militar puso fin a los combates, pero no trajo ni reconciliación ni paz.

La victoria franquista y el colapso republicano

Tras la caída de Cataluña unas semanas antes, el desenlace de la guerra era prácticamente inevitable. El bando republicano, exhausto, carecía de armas, suministros, aviones y, sobre todo, de unidad política. A principios de marzo de 1939, un golpe de Estado liderado por el coronel Casado contra el gobierno de Juan Negrín exacerbó aún más el caos en el seno republicano. Franco aprovechó la situación: negándose a negociar, exigió la rendición incondicional. Cuando su ofensiva final comenzó el 26 de marzo, el ejército nacionalista avanzó con rapidez. Dos días después, Madrid cayó.

La Guerra Civil Española culminó así en una inmensa catástrofe humanitaria. Se estima que se cobró más de 400.000 vidas a causa de los combates, los bombardeos, las ejecuciones y la represión. El país se convirtió en campo de batalla de las principales ideologías violentas de la época: el fascismo italiano, el nazismo alemán, el estalinismo soviético, el anarquismo revolucionario y la contrarrevolución autoritaria. España emergió de esta terrible experiencia exhausta, dividida, arruinada y, poco después, sometida a una larga dictadura.

La Retirada, éxodo y angustia

A medida que las fuerzas de Franco ganaban terreno, multitudes inmensas de civiles y combatientes republicanos huyeron a Francia. Este éxodo masivo, conocido como la Retirada, dejó a cientos de miles de hombres, mujeres y niños en las carreteras. Tomado por sorpresa, el gobierno francés abrió la frontera, pero confinó a muchos refugiados en campamentos improvisados ​​en el suroeste y a lo largo de la costa mediterránea, en condiciones muy precarias. Otros se dirigieron a México o a la Unión Soviética, con la esperanza de reconstruir sus vidas allí.

El destino de los republicanos atrapados en los puertos del sur fue aún más trágico. En Alicante, en particular, miles de personas esperaron en vano barcos que nunca llegaron. Rodeados por las fuerzas de Franco y sus aliados italianos, algunos se suicidaron para evitar ser capturados; otros fueron internados, ejecutados o enviados a campos de concentración. El 1 de abril de 1939, Franco emitió su breve comunicado: «La guerra ha terminado». En realidad, para España, solo entonces comenzaron el miedo, las cárceles y el ajuste de cuentas.

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