El 28 de julio de 1794 (10 de Termidor, año II del calendario revolucionario francés), Maximilien Robespierre fue guillotinado en la Plaza de la Revolución de París, junto con 21 de sus colaboradores más cercanos, entre ellos Louis-Antoine de Saint-Just, Georges Couthon y su hermano Augustin Robespierre. El día anterior, la Convención Nacional lo había derrocado y declarado proscrito, poniendo fin a su inmenso poder. Esta ejecución marcó el fin del Reinado del Terror e inauguró una nueva fase de la Revolución Francesa, conocida como la Reacción Termidoriana.
La caída del hombre fuerte de la Revolución
Durante varios meses, Robespierre dominó el Comité de Salvación Pública, el principal órgano del gobierno revolucionario. Bajo su influencia, el Terror se intensificó con el fin de eliminar a los enemigos, reales o percibidos, de la República. Las ejecuciones se multiplicaron, alimentando una profunda ansiedad incluso entre los diputados revolucionarios.
El 9 de Termidor del año II (27 de julio de 1794), varios miembros de la Convención decidieron actuar antes de convertirse ellos mismos en víctimas de las purgas. Robespierre fue interrumpido en plena sesión, arrestado junto con sus principales aliados y llevado al Ayuntamiento de París, donde un intento de insurrección fracasó durante la noche. Herido en la mandíbula en circunstancias que aún son objeto de debate entre los historiadores, fue finalmente capturado por fuerzas leales a la Convención.
Una ejecución que pone fin al Terror
Declarados prófugos, Robespierre y sus compañeros fueron ejecutados sin juicio al día siguiente. Al caer la tarde, los condenados fueron llevados en carreta a la Plaza de la Revolución. Cuando le quitaron el vendaje que sujetaba la mandíbula destrozada a Robespierre antes de su ejecución, este gritó de dolor, un hecho que fue relatado por varios testigos.
Tras la caída de la guillotina, su cabeza fue exhibida ante la multitud, que la recibió con vítores. Los cuerpos de los veintidós condenados fueron enterrados en una fosa común en el cementerio de Errancis, cubiertos con cal viva para evitar su posterior identificación. En los días siguientes, varias decenas de otros miembros de la Comuna insurgente también fueron guillotinados.
El comienzo de un nuevo capítulo revolucionario.
La muerte de Robespierre puso fin al Reinado del Terror, que se había cobrado miles de víctimas en tan solo unos meses. Los diputados termidorianos desmantelaron gradualmente las instituciones excepcionales, clausuraron el Club Jacobino y redujeron los poderes del Comité de Salvación Pública.
Esta ruptura dio paso a un período de reorganización política marcado por un retorno gradual a un régimen más moderado, sin que, sin embargo, se pusieran fin a las tensiones revolucionarias. Unos años más tarde, en 1799, el golpe de estado de Napoléon Bonaparte es © El establecimiento del Consulado pondrá fin definitivamente al período revolucionario.
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