El 24 de julio de 1911, el explorador estadounidense Hiram Bingham llegó a las ruinas de Machu Picchu, situadas a casi 2430 metros de altitud en los Andes peruanos. Guiado por los habitantes locales, entre ellos un niño, descubrió una impresionante ciudad inca recuperada por la naturaleza. Su expedición, organizada por la Universidad de Yale, reveló al mundo un sitio excepcional que se convertiría en uno de los vestigios más famosos de la civilización inca. Si bien Machu Picchu ya era conocido por la población local y había sido visitado en 1902 por el campesino peruano Agustín Lizárraga, fue la difusión del descubrimiento por parte de Bingham lo que le otorgó renombre internacional.
Una ciudad olvidada en los Andes
Machu Picchu se ubica en el corazón de la Cordillera de los Andes, a unos 100 kilómetros de Cusco, la antigua capital del Imperio Inca. Construida a mediados del siglo XV durante el reinado del emperador Pachacuti, se cree que la ciudad sirvió como residencia real, centro religioso y hacienda agrícola. Sus edificios, construidos con imponentes bloques de piedra perfectamente encajados sin argamasa, dan testimonio de la extraordinaria habilidad de los constructores incas.
Tras la conquista española del Perú en el siglo XVI, el sitio fue abandonado gradualmente. Aislado en las montañas y de difícil acceso, escapó a los conquistadores y poco a poco cayó en el olvido para el resto del mundo, aunque siguió siendo conocido por las comunidades locales que vivían en los alrededores.
Un descubrimiento que fascina al mundo
En busca de antiguas ciudades incas, Hiram Bingham viajó por Perú durante el verano de 1911. El 24 de julio, acompañado por un oficial peruano y guiado por lugareños, ascendió a la montaña donde se encontraban las ruinas. Al contemplar las terrazas agrícolas, los templos y las viviendas cubiertas de vegetación, comprendió de inmediato la importancia arqueológica del lugar.
Durante expediciones posteriores, Bingham se dedicó a cartografiar el yacimiento, excavar varios edificios y estudiar los restos desenterrados. Su trabajo fue ampliamente reseñado por la revista. National Geographic En 1913, captaron la atención de la comunidad científica y del público en general. Machu Picchu se convirtió entonces en uno de los símbolos más conocidos de la civilización inca.
Un tesoro que se ha convertido en un símbolo de Perú.
A lo largo del siglo XX, el sitio fue objeto de numerosas investigaciones arqueológicas que permitieron comprender mejor su papel dentro del Imperio Inca. Sin embargo, los artefactos llevados a Estados Unidos por las expediciones de Bingham avivaron una larga disputa entre Perú y la Universidad de Yale, antes de ser devueltos gradualmente a partir de 2011.
Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1983 y designada como una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo en 2007, Machu Picchu recibe hoy a cientos de miles de visitantes cada año. Más de un siglo después de su redescubrimiento por Hiram Bingham, esta ciudad enclavada en los Andes sigue siendo uno de los testimonios más valiosos de la grandeza de la civilización inca y uno de los sitios arqueológicos más emblemáticos del planeta.
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