Era el 16 de abril: El Tratado germano-ruso de Rapallo
Era el 16 de abril: El Tratado germano-ruso de Rapallo

El 16 de abril de 1922, en el marco de la Conferencia Económica de Génova, la Alemania de Weimar y la Unión Soviética firmaron en Rapallo un tratado que sorprendió a las potencias occidentales. Mediante este acuerdo, las dos principales naciones derrotadas y marginadas de la posguerra decidieron poner fin a su aislamiento diplomático y económico. El ministro de Asuntos Exteriores alemán, Walther Rathenau, y su homólogo soviético, Georgy Chicherin, formalizaron la reanudación inmediata de las relaciones diplomáticas, la renuncia mutua a las reparaciones y el establecimiento de la cooperación comercial. Detrás de este acuerdo de conveniencia, ya se gestaba una profunda transformación del equilibrio de poder europeo establecido por la Primera Guerra Mundial.

Dos estados rechazados por la orden de Versalles

En 1922, Alemania y la Rusia soviética compartían la experiencia común de estar excluidas del concierto de potencias europeo. Alemania, derrotada en 1918, seguía lastrada por los términos del Tratado de Versalles, que le imponía pérdidas territoriales, limitaciones militares y cuantiosas reparaciones. La Rusia bolchevique, surgida de la revolución de 1917, permanecía aislada por la desconfianza hacia las potencias occidentales, su hostilidad hacia el régimen comunista y el repudio de las deudas del antiguo Imperio zarista. En Rapallo, estos dos estados encontraron un terreno común en el acercamiento: cada uno necesitaba al otro para romper su aislamiento y liberarse del férreo control diplomático que lo oprimía.

Un giro diplomático

El tratado firmado en la ciudad costera de Liguria, en un principio, pareció modesto, pero causó gran conmoción. Ambos países renunciaron a sus respectivas deudas, restablecieron relaciones oficiales y adoptaron el principio de nación más favorecida en su comercio. Este acercamiento fue percibido como una afrenta por los Aliados, en particular por Francia, que temía cualquier desafío al sistema de Versalles. Rapallo demostró que el orden de posguerra no era ni estable ni universalmente aceptado. También reveló la habilidad de la diplomacia alemana y soviética, capaz de explotar las debilidades del sistema internacional para defender sus propios intereses.

Los fundamentos militares del acuerdo

Más allá de sus cláusulas oficiales, el Tratado de Rapallo allanó el camino para una cooperación secreta de gran alcance. El ejército alemán, estrictamente limitado por el Tratado de Versalles, obtuvo acceso en la Unión Soviética a campos de pruebas y centros de entrenamiento para aviones, tanques y ciertas armas prohibidas. El acuerdo se convirtió así en uno de los primeros medios por los que Alemania eludió las restricciones impuestas después de 1918. Esta dimensión clandestina otorgó al tratado una gran importancia histórica: ya no era simplemente un acercamiento diplomático, sino un primer golpe al orden de paz deseado por los vencedores.

Un éxito efímero para Rathenau.

Este triunfo diplomático no benefició en absoluto a Walther Rathenau. Brillante industrial, estadista republicano y judío, se convirtió en blanco del odio de los extremistas alemanes. Su papel en Rapallo, que escandalizó a un sector de la derecha nacionalista y despertó la sospecha de la izquierda radical, contribuyó a convertirlo en objetivo. Fue asesinado el 24 de junio de 1922, apenas unas semanas después de la firma del tratado. Chicherin, por su parte, continuó su carrera al servicio de la diplomacia soviética. En cuanto al Tratado de Rapallo, sigue siendo un símbolo de un acercamiento pragmático entre dos potencias excluidas, pero también uno de los primeros indicios visibles de la fragilidad de la paz europea en el período de entreguerras.

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