El gobierno australiano rechazó el miércoles las afirmaciones israelíes de que su decisión de expulsar al embajador iraní estuvo motivada por presiones externas. Canberra sostiene que esta histórica medida se basó únicamente en pruebas que vinculan a Teherán con ataques antisemitas en el país.
"Eso es un completo disparate", declaró el ministro del Interior, Tony Burke, a la radio ABC, en respuesta a las afirmaciones de que Israel influyó en la decisión. Afirmó que las pruebas reunidas por las autoridades australianas demuestran que Irán dirigió al menos dos ataques incendiarios contra comunidades judías en Sídney y Melbourne, sin que los perpetradores sobre el terreno fueran conscientes de que actuaban bajo su influencia.
La expulsión del embajador iraní Ahmad Sadeghi, a quien Canberra dio siete días para abandonar el país, no tiene precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. Va acompañada de la decisión de designar al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán como organización terrorista.
El ministro de Asuntos Exteriores australiano también instó a los ciudadanos australianos en Irán a abandonar el país "sin demora", citando un clima de crecientes tensiones y el riesgo de represalias.
Este incidente ocurre en un momento en que las relaciones entre Irán y varias potencias occidentales se deterioran en medio de acusaciones de injerencia y operaciones encubiertas. Para Canberra, envía un mensaje claro: cualquier acción que amenace la seguridad nacional australiana será respondida con firmeza, independientemente de la presión diplomática o consideraciones externas.