León XIV: Tres señales reveladoras del rumbo que tomará el primer Papa americano
León XIV: Tres señales reveladoras del rumbo que tomará el primer Papa americano

El Papa León XIV, recién elegido cabeza de la Iglesia Católica, ofreció tres claves para las prioridades de su próximo pontificado desde sus primeros momentos en el balcón de la Basílica de San Pedro. El excardenal estadounidense Robert Prevost sucede al Papa Francisco, fallecido el mes pasado, y se convierte en el primer pontífice estadounidense, aunque también posee la ciudadanía peruana tras muchos años de labor misionera en Latinoamérica.

La primera señal contundente fue la elección de su nombre, León. Una referencia implícita a León XIII, el pontífice de finales del siglo XIX conocido por su defensa de los derechos de los trabajadores y sus posturas sobre la justicia social, este nombre, según varios observadores, refleja el deseo de situar el nuevo pontificado en la continuidad de la doctrina social de la Iglesia. El jesuita Thomas Reese ve en él un claro mensaje de compromiso con los más vulnerables.

La segunda pista: su lenguaje y sus palabras. León XIV no pronunció una sola palabra en inglés, dirigiéndose a la multitud en italiano, con un breve saludo en español para sus fieles peruanos. Su mensaje inicial, «La pace sia con tutti voi!» («¡La paz sea con vosotros!»), situó inmediatamente la paz en el centro de su discurso. Esta fórmula litúrgica, utilizada aquí con significado universal, recuerda los numerosos llamamientos de Francisco a la paz en contextos de guerra como Ucrania y Oriente Medio.

También habló conmovedoramente de su predecesor, elogiando la "voz débil pero siempre valiente" de Francisco, cuyas últimas palabras públicas llamaron a la confianza en Dios. Al solicitar la repetición de la bendición del difunto papa, León XIV enfatizó el legado espiritual que pretende continuar en un mundo profundamente marcado por las divisiones.

Finalmente, un detalle indumentario no pasó desapercibido para los observadores: el nuevo papa vistió la tradicional túnica papal roja, a diferencia de Francisco, quien renunció a este símbolo desde su primer día. Esta elección parece indicar un pontificado que sigue las líneas generales de su predecesor, pero con un estilo más asertivo, apegado a ciertas tradiciones visibles, sin romper con el espíritu de apertura y humildad iniciado en 2013.

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