Sébastien Lecornu ha tomado su decisión: no habrá nuevo tope de precios para absorber el aumento de los costes energéticos. El mensaje es claro, casi frío, dado que el gobierno sabe lo mucho que influyen unos céntimos más en el ánimo de la nación.
En París ya existe el temor a un efecto dominó en la inflación y el poder adquisitivo, pero la idea de un subsidio general se considera demasiado costosa en un momento en que los márgenes presupuestarios se reducen rápidamente. Por lo tanto, no todos volverán a rascarse el bolsillo, al menos no esta vez.
La frase que se repite constantemente en la Asamblea: "crisis petrolera".
En la Asamblea Nacional, Roland Lescure optó por un término poco común a este nivel: «shock petrolero». El ministro de Economía admitió que el aumento de precios ya no se asemejaba a un repunte temporal y que podría consolidarse, en el contexto de la guerra entre Estados Unidos e Israel en Irán, que ya dura 25 días. Las cifras hablan por sí solas: un aumento del 60 % en los precios del petróleo y del 70 % en los del gas desde el inicio del conflicto, con sectores clave —logística, agricultura, pesca, construcción— que dependen de una fuente de energía que, a la hora de facturar, deja de ser abstracta.
Ante la ausencia de un escudo general, el gobierno está dejando escapar otro enfoque más específico: ayudas a hogares modestos, impulsos temporales a ciertas profesiones, todo ello bajo la atenta mirada del Ministerio de Hacienda y la oficina del Primer Ministro: proteger sin ir demasiado lejos, mantenerse firme sin prometer lo imposible y ver hasta dónde pueden llegar las tensiones del mercado para Francia.
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