El banquillo de la selección italiana vuelve a estar vacío. Este viernes, la Federación Italiana de Fútbol anunció oficialmente el fin de la etapa de Gennaro Gattuso al frente de la selección, tras la dimisión del seleccionador. Tras asumir las riendas de Italia el 15 de junio de 2025, el excentrocampista campeón del mundo duró apenas unos meses antes de abandonar un puesto tan prestigioso y controvertido.
Un terremoto para el fútbol italiano.
En apariencia, la salida pretende ser amistosa. En realidad, se asemeja a una admisión de fracaso rotunda para todo el fútbol italiano. La ruptura se produce en medio de una crisis nacional, ya que la selección nacional acaba de sufrir otro duro golpe deportivo. Gattuso deja tras de sí un equipo maltrecho, un país atónito y una federación obligada a emprender urgentemente una nueva reestructuración.
Tres Mundiales consecutivos perdidos
La ruptura se originó a raíz de un resultado que nadie quería repetir. Italia quedó eliminada del Mundial de 2026 tras perder en la repesca contra Bosnia y Herzegovina en la tanda de penaltis, lo que supuso su tercera ausencia consecutiva en el torneo. A pesar de una racha de cinco victorias en su grupo, los Azzurri fueron superados por Noruega en diferencia de goles antes de derrumbarse en el peor momento posible, en el partido decisivo.
Gattuso, una misión de comando que se convirtió en una misión imposible.
Cuando Gattuso fue nombrado en junio de 2025, llegó con la imagen de un hombre de carácter fuerte, un bombero capaz de revitalizar a un equipo que había perdido el rumbo. Su misión era sencilla sobre el papel, pero desalentadora en la práctica: encauzar a Italia hacia el Mundial. En tan solo unos meses, intentó devolverle el impulso y el orgullo al grupo, pero el resultado final lo echó todo a perder. En el fútbol internacional, la emoción dura un instante; la eliminación, sin embargo, perdura.
Una crisis que va más allá del entrenador nacional.
La salida de Gattuso se produce tras las dimisiones del presidente federal Gabriele Gravina y del jefe de la delegación Gianluigi Buffon, también vinculados al fiasco.
Italia sufre un problema profundo. Para un país con tanta tradición, tres Mundiales consecutivos sin clasificar son una humillación. La salida de Gattuso marca el inicio de una nueva etapa de reconstrucción, con la imperiosa necesidad de redefinir la dirección deportiva, institucional y mental de una selección nacional que ha perdido su estatus y prestigio.