En el peaje de Bandol, en la autopista A50, un control de tráfico rutinario se convirtió en un caos. Un agente antidisturbios de la patrulla de carreteras de la Provenza resultó herido al ser atropellado por un coche mientras acudía a un accidente: la conductora acababa de chocar contra un muro bajo, pinchando dos neumáticos, y su conducción había sido considerada errática. Los agentes le pidieron que apagara el motor. Todo sucedió en un instante, en el peor momento posible: mientras un agente intentaba recuperar las llaves, la conductora volvió a arrancar el coche repentinamente con la mano del agente aún dentro.
El control es efímero, la violencia persiste.
El agente de policía fue arrastrado unos cuarenta metros antes de lograr liberarse. Al llegar al lugar, presentaba contusiones y abrasiones, y una fuente policial lo describió como "conmocionado", una imagen cruda de una profesión donde el asfalto no perdona. Según varios medios de comunicación, la conductora se negó a someterse a la prueba de alcoholemia. Detenida a menos de un kilómetro de distancia, con la ayuda de otros agentes, fue puesta bajo custodia. El prefecto de Var, según Var-Matin, llamó al agente antidisturbios herido para expresarle su "gratitud" y apoyo, un gesto simbólico dado que los controles de tráfico continúan, sujetos a la misma naturaleza impredecible.
Communauté
comentarios
Los comentarios están abiertos, pero protegidos contra el spam. Las publicaciones iniciales y los comentarios que contienen enlaces se someten a una revisión manual.
Sé el primero en comentar este artículo.