A finales de marzo, funcionarios de aduanas franceses interceptaron un cargamento de más de una tonelada de cocaína oculta en un camión que circulaba por la autopista A7, cerca del peaje de Vienne. Esta operación constituye una de las mayores incautaciones realizadas en la red vial nacional en los últimos años.
El vehículo, matriculado en los Países Bajos y procedente de la Península Ibérica, transportaba oficialmente tierra para macetas con destino a Bélgica. El comportamiento inusual del convoy, en particular la presencia de varias personas a bordo, llevó a los agentes a realizar una inspección exhaustiva.
Un cargamento oculto en sacos de tierra para macetas.
Dentro del camión, los investigadores descubrieron cerca de mil paquetes de cocaína ocultos en grandes bolsas. Se estima que esta droga de alta pureza tiene un valor en el mercado negro de decenas de millones de euros, cifra que podría aumentar tras su reventa.
Tres personas fueron arrestadas, entre ellas dos conductores y una tercera persona encargada de supervisar el transporte. Uno de los sospechosos ya era conocido por la policía en relación con un caso de narcotráfico en el extranjero.
Un eje estratégico para el tráfico internacional
Esta incautación pone de manifiesto el creciente uso de las principales rutas terrestres para el narcotráfico a gran escala, además de las rutas marítimas. La autopista A7, que une el sur y el norte de Europa, constituye un corredor clave para el flujo de mercancías.
Las autoridades destacan lo inusual que sigue siendo interceptar cantidades tan grandes en la carretera, al tiempo que sugieren una posible evolución en los métodos de las redes criminales. La investigación continúa para identificar a la organización responsable de este convoy.
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