El primer ministro electo británico, Andy Burnham, ha confirmado el abandono del proyecto de tarjeta de identidad digital nacional, lanzado en 2025 por el gobierno de Keir Starmer. Este sistema, cuya implementación estaba prevista para 2029, tenía como objetivo permitir a los ciudadanos demostrar su derecho a trabajar y formaba parte de la estrategia para combatir la inmigración ilegal. Su coste se estimaba en 1,8 millones de libras esterlinas (más de 2 millones de euros) a lo largo de tres años.
Esta decisión marca una de las primeras prioridades del nuevo Primer Ministro, quien pretende reasignar los fondos destinados a este proyecto a otras prioridades. Según su entorno, los recursos se destinarán ahora a medidas para afrontar la crisis del coste de la vida, mientras el Reino Unido sigue lidiando con una alta inflación y el aumento de los precios de la energía y los alimentos.
Se da prioridad al poder adquisitivo.
La propuesta de tarjeta de identidad digital había suscitado fuertes críticas en el Reino Unido, donde no existe un documento nacional de identidad. Varios partidos de la oposición, así como figuras de la extrema derecha, denunciaron el sistema por considerar que probablemente aumentaría el control estatal sobre los ciudadanos. Ante esta oposición, el gobierno de Starmer ya había abandonado sus planes de hacer obligatoria la tarjeta para trabajar.
A pesar de este revés, el nuevo gobierno laborista asegura que continuará la lucha contra el trabajo ilegal, basándose en los mecanismos ya existentes. Andy Burnham ahora tiene la intención de centrar sus esfuerzos en la recuperación económica y la mejora del nivel de vida de los británicos, convirtiendo el poder adquisitivo en una de sus principales prioridades al asumir el cargo en Downing Street.
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