Washington ha pagado casi tres millones de dólares en compensación a agentes del gobierno que padecen el síndrome de La Habana, una misteriosa afección neurológica de la que han informado espías, diplomáticos y sus familiares durante aproximadamente diez años.
Esta es la primera vez que se realizan pagos a personal de agencias estadounidenses por esta enfermedad. Los pagos se efectuaron en virtud de la Ley de La Habana, una ley promulgada en 2021 específicamente para compensar a las víctimas. El Departamento de Defensa de Estados Unidos anunció que seguirá priorizando el apoyo al personal afectado.
Los primeros casos se remontan a 2016, cuando diplomáticos estadounidenses destinados en Cuba reportaron perturbaciones nocturnas: sonidos estridentes, zumbidos sordos, chasquidos y chirridos metálicos. Otros describieron una intensa presión en el cráneo, mareos y náuseas. Desde entonces, se han reportado incidentes similares en Pekín, Washington y otras capitales.
En 2017, Estados Unidos repatrió a más de la mitad del personal de su embajada desde La Habana. Canadá también redujo drásticamente su presencia diplomática en la capital cubana en 2019 después de que su propio personal reportara síntomas similares.
La exanalista de la CIA, Erika Stith, resumió su situación en 2022 con una frase impactante: "Mi cerebro está dañado. Sufrimos esto mientras servíamos a nuestro país. Y merecemos que nos cuiden".
La cuestión del origen del síndrome sigue sin respuesta. Durante años han circulado hipótesis sobre el uso de armas de microondas o ultrasónicas por parte de una potencia extranjera. El año pasado, prácticamente todas las agencias de inteligencia estadounidenses concluyeron que era "altamente improbable" que un agente extranjero hubiera utilizado "un dispositivo o arma novedosa" para dañar al personal estadounidense. Sin embargo, una minoría dentro de la comunidad de inteligencia no ha descartado por completo esta posibilidad.
El informe del Consejo Nacional de Inteligencia afirmó que ninguna agencia cuestionó "las experiencias o el sufrimiento" de los agentes involucrados, concluyendo que habían "experimentado síntomas físicos reales, a veces dolorosos y traumáticos".
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