Un calentamiento superior a 5 °C para el año 2100: un escenario cada vez menos probable, pero no por ello menos tranquilizador.
Un calentamiento superior a 5 °C para el año 2100: un escenario cada vez menos probable, pero no por ello menos tranquilizador.

Buenas noticias, al menos en teoría: sería menos probable que el mundo se dirija hacia un calentamiento superior a 5 °C para el año 2100. Según un estudio liderado por el Programa Mundial de Investigación Climática (WCRP, por sus siglas en inglés), un grupo de unos cuarenta científicos ahora considera este escenario "improbable", tras actualizar las proyecciones climáticas con los conocimientos recientes sobre la respuesta climática y las trayectorias de las emisiones.

En términos concretos, incluso en el escenario más pesimista —un fuerte aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero— la temperatura global no alcanzaría los 4 °C para finales de siglo. Para Robert Vautard, climatólogo y copresidente del IPCC, esto ya es una señal: las políticas públicas «están surtiendo efecto». «Las políticas climáticas están surtiendo efecto, lamentablemente aún no en la reducción de emisiones, pero sí en su atenuación», explicó, señalando que la curva, aunque no se revierta, al menos muestra algunos signos de tensión.

Por debajo de los 5 °C, pero aún demasiado cálido para mantener la calma.

Sin embargo, el estudio destaca principalmente escenarios considerados más plausibles basados ​​en un calentamiento ligeramente inferior a 3 °C para el año 2100. Estamos lejos de un mundo estable. Robert Vautard habla de un impacto «importante» en las sociedades humanas: olas de calor más frecuentes, inundaciones más severas y sequías más prolongadas. Con cada paso adicional, el costo aumenta, y no solo en grados.

El WCRP reitera este punto sin ambigüedad: el hecho de que el escenario de 5 °C se aleje no disminuye la magnitud de los riesgos asociados con la trayectoria actual. Las evaluaciones del IPCC siguen siendo nuestra guía; 1,5 °C exige una rápida reducción de las emisiones, y cada fracción de grado aumenta el riesgo de fenómenos extremos. En resumen, puede que estemos evitando el peor escenario, pero el panorama sigue siendo precario, con una pregunta crucial en el horizonte: ¿con qué rapidez tomaremos decisiones antes de que el clima dicte las suyas?

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