Eliminar los residuos de plaguicidas del agua potable podría suponer un gasto anual de entre varios miles de millones y 57 millones de euros. Esta estimación pone de manifiesto el coste potencialmente colosal de los tratamientos necesarios para cumplir con las normas sanitarias más estrictas ante la proliferación de moléculas y sus metabolitos.
La contaminación se debe principalmente a la escorrentía y la infiltración de sustancias utilizadas en la agricultura. Una vez presentes en las aguas subterráneas y los cursos de agua, algunas moléculas resultan particularmente difíciles de eliminar. Por ello, las autoridades locales deben modernizar su infraestructura, cerrar las tomas de agua o mezclar diferentes fuentes para distribuir agua potable.
Prevenir la contaminación en lugar de financiar su limpieza.
La cifra propuesta reaviva el debate sobre cómo repartir el coste entre consumidores, autoridades locales y fabricantes de plaguicidas. Varios millones de personas en Francia consumen cada año agua cuya calidad se ve comprometida por residuos de plaguicidas o nitratos, según la información presentada a la Asamblea Nacional.
Las nuevas normativas europeas refuerzan la vigilancia de plaguicidas, productos farmacéuticos y PFAS en aguas subterráneas y superficiales. Sin embargo, el tratamiento de la contaminación existente sigue siendo más costoso que la limitación de los vertidos en su origen. Detrás del desafío ambiental, por lo tanto, subyace una importante cuestión económica y política: si la limpieza de la contaminación debe seguir financiándose principalmente a través de las facturas de agua o si debe ser financiada en mayor medida por los sectores responsables de la contaminación.
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