una comisión paneuropea independiente sobre clima y salud
una comisión paneuropea independiente sobre clima y salud

El domingo, una comisión paneuropea independiente sobre clima y salud lanzó un claro llamamiento: Europa y la Organización Mundial de la Salud deben reforzar su respuesta sanitaria al calentamiento global. El grupo, presidido por la ex primera ministra islandesa Katrín Jakobsdóttir, está integrado por trece científicos y exministros. El tono es mesurado, casi burocrático, pero el mensaje es contundente: las medidas actuales no están a la altura de los daños ya visibles.

Porque la comisión no se limita a hablar de termómetros alarmantes o curvas en alza. Enumera impactos muy concretos en la salud, la alimentación, el agua, la energía y la seguridad, como si todo estuviera ahora interconectado. Detrás de estas palabras subyace una idea simple: lo que se consideraba un problema ambiental se está convirtiendo cada vez más en una crisis sanitaria en toda regla, con sus muertes, sus consecuencias y sus costes.

Las cifras presentadas son innegablemente alarmantes. La contaminación atmosférica relacionada con los combustibles fósiles causa más de 600 000 muertes al año en la Región Europea de la OMS. La comisión también cita aproximadamente 63 000 muertes atribuidas a causas relacionadas con el calor en Europa en 2024, y estima que el cambio climático será responsable de casi el 70 % de las muertes durante las olas de calor veraniegas en 854 ciudades europeas en 2025. Esto ya no es teoría; son datos concretos.

Cuando la ola de calor se convierte en un problema de seguridad

En vísperas de la 79.ª Asamblea Mundial de la Salud, la comisión está presionando a la OMS hasta el límite. Exige que el cambio climático sea declarado oficialmente una «emergencia de salud pública de importancia internacional». Si no se concede esta designación, el grupo solicita al menos un reconocimiento con mayor respaldo político: el marco actual del Reglamento Sanitario Internacional se considera «insuficiente» para abordar la magnitud del fenómeno. Las herramientas diseñadas para epidemias y crisis aisladas están demostrando ser ineficaces ante una crisis que se está arraigando y descontrolando.

Los líderes europeos también están en el punto de mira. La Comisión insta a los jefes de gobierno a incluir el cambio climático en la agenda de los consejos de seguridad nacional, lo que indica que el tema está trascendiendo el ámbito puramente técnico de los ministerios para alcanzar la toma de decisiones soberanas. Asimismo, propone dejar de utilizar el producto interior bruto como indicador principal y sustituirlo por indicadores que integren la salud, la equidad y la sostenibilidad ambiental. En una Europa apegada a cifras tranquilizadoras, esta idea parece un cambio de enfoque fundamental.

Katrin Jakobsdottir resume la perspectiva política en una sola frase: «La crisis climática supone una amenaza para nuestra seguridad, cohesión social, derechos humanos y salud», y exige una respuesta «ya». La pregunta fundamental para Europa sigue siendo: ¿cómo convertir las palabras en acciones? Entre cumbres, agendas nacionales y restricciones presupuestarias, ¿quién estará dispuesto a considerar la salud climática como una prioridad gubernamental en lugar de un capítulo en un informe anual, con todo lo que esto implica para las futuras decisiones energéticas y políticas públicas?

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