El año 2025 marca un punto de inflexión sombrío en la aplicación de la pena de muerte a nivel mundial. Amnistía Internacional ha registrado 2707 ejecuciones llevadas a cabo por las autoridades en 17 países, la cifra más alta registrada por la organización desde que comenzó a recopilar estos datos en 1981. Este aumento representa un drástico incremento del 78 % con respecto al año anterior, lo que refleja un endurecimiento global de las políticas represivas en varios estados.
Irán es responsable del 80% de las ejecuciones.
Irán concentra casi el 80% de las ejecuciones registradas por la ONG, lo que confirma su posición como el país que más aplica la pena de muerte en el mundo. Esta abrumadora proporción pone de manifiesto la intensificación de las prácticas represivas de Teherán, que recurren en gran medida a la pena capital como instrumento de control político y social. Las organizaciones de derechos humanos expresan una creciente preocupación por esta tendencia, que contradice el movimiento abolicionista observado en otras partes del mundo.
Las últimas cifras disponibles revelan que solo 17 países llevaron a cabo ejecuciones en 2025, una minoría a nivel mundial, pero cuyas prácticas distorsionan significativamente las estadísticas generales. Este informe anual de Amnistía Internacional reaviva el debate sobre el uso de la pena de muerte y pone de relieve la creciente división entre los Estados que mantienen esta práctica y aquellos que la han abolido.
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