Migrantes en el Canal de la Mancha: un bote pinchado por la policía reaviva el debate
Migrantes en el Canal de la Mancha: un bote pinchado por la policía reaviva el debate

Gendarmes franceses uniformados, de pie en el agua, acuchillando una lancha neumática a punto de salir de la playa con decenas de migrantes a bordo: la escena, filmada por la BBC el 4 de julio en Saint-Étienne-au-Mont, Paso de Calais, ha indignado a defensores de los derechos humanos y observadores del problema migratorio. En vísperas de la cumbre franco-británica sobre cooperación en el Canal de la Mancha, la imagen es brutal y plantea serias dudas sobre los métodos franceses. La reacción británica no se hizo esperar: Downing Street elogió la "intensificación" de las acciones francesas, describiendo la intervención como una táctica eficaz para "interrumpir los cruces antes de que salgan". El gobierno de Keir Starmer, bajo presión por el ascenso del partido antiinmigración Reforma del Reino Unido, acoge con satisfacción una colaboración más estrecha con París, en un contexto de cruces récord desde principios de año.

¿Una intervención justificada o una tendencia preocupante?

Del lado francés, las autoridades defienden su postura. La prefectura de Hauts-de-France cita un "peligro inmediato": al barco, que ya transportaba a unas treinta personas, se le unieron, según se informa, unos cincuenta posibles migrantes, algunos con el agua hasta las rodillas. El Ministerio del Interior lo describe como una "operación de rescate", especificando que las fuerzas del orden neutralizaron la embarcación para evitar una tragedia. Pero sobre el terreno, las organizaciones de ayuda denuncian un método brutal. "Esto no es un rescate, es poner vidas en peligro", reacciona Utopia 56. Dany Patoux, de Osmose 62, condena una "práctica inhumana". Imágenes, gritos, chalecos salvavidas arrancados del mar. Para los trabajadores humanitarios, esta acción marca un punto de inflexión. Y quizás un cambio.

El derecho internacional en el punto de mira

Más allá de las implicaciones morales, la legalidad de la intervención es cuestionable. Marie-Laure Basilien-Gainche, profesora de Derecho Público, señala que, según las convenciones internacionales, toda persona tiene derecho a salir de un país, incluido el suyo. Impedir que los migrantes abandonen el territorio francés, incluso de forma preventiva, podría constituir una violación del derecho internacional. La experta también enfatiza que el concepto de peligro marítimo no se aplica en este caso, ya que los migrantes no habían emitido una llamada de socorro ni habían abandonado la zona costera. No se trató de un rescate, concluye, sino de una interceptación.

Un endurecimiento deliberado de la postura

Desde los Acuerdos de Le Touquet de 2004, el territorio francés ha actuado como filtro para la frontera británica. Pero la presión se intensifica: en febrero, París y Londres prorrogaron el Tratado de Sandhurst, con financiación conjunta para las medidas de control fronterizo francés. Bruno Retailleau, del Ministerio del Interior, ya mencionó en febrero un "cambio de doctrina", con la posibilidad de "interceptar" taxis acuáticos a menos de 300 metros de la costa. Con más de 20.000 migrantes que han cruzado el Canal de la Mancha desde enero, un aumento del 75% en dos años, esta política de disuasión activa podría convertirse en algo habitual. Una pregunta persiste: ¿hasta dónde podemos llegar para evitar que hombres, mujeres y niños se marchen sin pasar del control de los flujos migratorios a una lógica de confrontación?

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