Las autoridades iraníes ejecutaron el lunes 11 de mayo a Erfan Shakourzadeh, un ingeniero aeroespacial de 29 años. Había sido acusado por la justicia iraní de espiar para el Mossad israelí y la CIA estadounidense. Shakourzadeh, quien se graduó con honores con una maestría en ingeniería aeroespacial y era investigador en tecnología satelital, declaró en una nota escrita desde su celda que había sido torturado y obligado a firmar una confesión.
Una represión que se está intensificando
Esta ejecución se produce en medio de un clima de creciente represión en Irán. Durante varios meses, el régimen ha llevado a cabo una serie de ejecuciones de personas consideradas presos políticos o acusadas de colaborar con potencias extranjeras. La ONG kurda Hengaw, que monitorea de cerca la situación de los derechos humanos en el país, confirmó la ejecución y denunció las condiciones en las que fue juzgado Erfan Shakourzadeh. Organizaciones internacionales denuncian con frecuencia la falta de un juicio justo y el uso sistemático de la coacción para obtener confesiones.
El perfil del condenado suscita numerosas preguntas. Erfan Shakourzadeh, un brillante estudiante especializado en estrategia, representaba a la élite científica que el régimen iraní afirma defender. Su ejecución, sin embargo, pone de manifiesto la prioridad que Teherán otorga a la seguridad interna y su lucha contra cualquier forma de supuesta cooperación con potencias extranjeras, incluso a costa de sacrificar a sus propios talentos.
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