Esto supone un hito en la historia del conflicto. Hamás ha aceptado el marco del plan de la "Junta de Paz" para su desarme completo en Gaza, tras meses de negociaciones que un miembro del equipo negociador describió como "largas y extremadamente difíciles". El movimiento se cuidó de aclarar la terminología utilizada: se trata de un "inventario y almacenamiento de armas" bajo control palestino, y no de una entrega a Israel.
Esta decisión se produce poco después de las elecciones internas que llevaron a Khalil al-Hayya, una figura radicada en Gaza, a la cabeza del movimiento. Los funcionarios palestinos que participan en las negociaciones creen que este nuevo liderazgo estaba preparado para dar este paso, impulsado por las catastróficas condiciones humanitarias que afrontan más de dos millones de palestinos en el enclave.
El plan incluye, en particular, el inventario y almacenamiento de las armas pesadas restantes bajo supervisión palestina, lo que podría eliminar el principal obstáculo para el avance de la iniciativa de paz apoyada por Donald Trump.
Si este acuerdo se mantiene, podría ser el primer paso creíble para poner fin a una guerra que ha durado casi tres años, allanando el camino para un proceso político más amplio. Sin embargo, aún es demasiado pronto para saber si todas las partes cumplirán sus compromisos.
En Gaza, el anuncio generó poco entusiasmo. Tras años de ceses del fuego fallidos y acuerdos quebrados, un amplio sector de la población palestina sigue mostrándose profundamente escéptico ante los anuncios políticos. Los residentes expresaron en línea su desinterés por los detalles de las negociaciones, prefiriendo saber si este acuerdo pondrá fin a la guerra, permitirá el regreso a casa de las familias desplazadas y brindará un alivio duradero. La confianza tanto en Hamás como en Israel sigue siendo baja, ya que los acuerdos anteriores no han logrado producir resultados tangibles sobre el terreno.
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