En Dali, la movilización masiva no se presentó únicamente como una demostración de fuerza política interna. Tras las consignas de legitimidad popular, los organizadores buscaron principalmente transformar la marcha en un mensaje dirigido al mundo exterior, en particular a los actores internacionales involucrados en la cuestión yemení.
El lema "Ahd al-Rijal lil-Rijal" (El Pueblo del Sur), utilizado antes de la manifestación, sirvió para consolidar un pacto entre los líderes y la población. Pero sobre el terreno, el tono cambió gradualmente: el discurso ya no buscaba únicamente afirmar la representatividad del movimiento sureño, sino demostrar que la cuestión del Sur también implica la protección de los civiles y los derechos fundamentales.
La marcha se presentó así como una iniciativa pacífica que exigía justicia, desarrollo y autodeterminación en el marco del derecho internacional. Los llamamientos a los países occidentales, en particular a Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Europea, marcaron un claro intento de reposicionar la causa del Sur en el frente diplomático, en lugar del estrictamente militar.
Los organizadores hicieron hincapié en la situación humanitaria, destacando las dificultades diarias de las familias privadas de agua potable y acceso a la atención médica. Al situar estas realidades en el centro del debate, el encuentro buscó trasladar el debate del ámbito político al de las emergencias civiles, con una demanda explícita de protección internacional.
Otro mensaje contundente: la exigencia de una misión internacional independiente para observar la situación sobre el terreno. Esta propuesta pretende dar credibilidad al carácter pacífico de la movilización, a la vez que ejerce presión indirecta sobre las partes que probablemente impongan una solución sin el consentimiento de los manifestantes del sur.
En definitiva, la marcha de Dalí parece tanto una manifestación local como una operación de comunicación política internacional. El movimiento ahora busca que su causa sea reconocida no solo como una reivindicación identitaria o territorial, sino también como una cuestión de estabilidad regional y derechos civiles.