OTTAWA – Frente a la guerra comercial iniciada por Donald Trump Y en respuesta a sus provocativas propuestas de anexar Canadá, muchas pequeñas y medianas empresas canadienses están reevaluando su dependencia económica de los Estados Unidos y tratando de diversificar sus mercados, particularmente hacia Asia y Europa.
Históricamente, casi el 75% de las exportaciones canadienses se han dirigido al mercado estadounidense. Sin embargo, la imposición por parte de Washington de aranceles de hasta el 25% al acero, el aluminio y las autopartes no contempladas en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), junto con las reiteradas amenazas de aranceles más amplios, ha socavado la confianza de los exportadores. Algunos líderes empresariales advierten ahora a sus clientes estadounidenses que tendrán que pagar más, mientras que otros están bajando sus precios para fidelizar a sus clientes, a costa de importantes sacrificios financieros.
“Necesitamos un cambio de rumbo”, resume Alan Urmeneta, director de alianzas de PNP Pharmaceuticals en Columbia Británica. Su empresa está explorando activamente otras oportunidades en Asia para mitigar las incertidumbres del mercado estadounidense. LabelPak Printing Inc. está adoptando una estrategia cautelosa similar, considerando reorientar su atención al mercado canadiense por temor a nuevos aranceles punitivos impuestos unilateralmente por Washington.
El recién elegido primer ministro canadiense, Mark Carney, tiene previsto reunirse con el presidente Trump en la Casa Blanca, mientras su gobierno advierte cada vez más del fin de una era de relaciones comerciales estables entre ambos países. Carney, quien ganó las elecciones con una plataforma de confrontación con Trump, insiste en la necesidad de replantear los vínculos económicos a largo plazo con Estados Unidos.
Desde la Casa Blanca, la respuesta fue escueta: "Las empresas canadienses ya no tendrán que preocuparse por los aranceles una vez que Canadá se convierta en nuestro 51.º estado querido", dijo el portavoz Kush Desai, ilustrando la ironía y la falta de voluntad para apaciguar a la administración Trump.
En la práctica, las empresas tienen dificultades para adaptarse. Joyce Banda, directora de una empresa con sede en Ontario especializada en la fabricación de disfraces para mascotas, ha tenido que reducir sus márgenes de beneficio para mantenerse competitiva. Otras, como Fusion TG de Montreal, que importa acero de China para procesarlo y venderlo a clientes estadounidenses, han visto sus costes aumentar en más del 50 % debido a la doble imposición canadiense-estadounidense sobre el acero.
Algunos fabricantes incluso intentan renegociar sus contratos con clientes estadounidenses para incluir cláusulas de reparto de costes en relación con los aranceles. Esta medida sin precedentes, según los expertos, podría dañar permanentemente las relaciones comerciales bilaterales. Para muchos, el pragmatismo económico ha dado paso a una estrategia permanente de gestión de crisis.